dilluns, 15 de març de 2021

SEAT en el nuevo ciclo industrial

S.Clarós


Se vuelve a hablar de Seat cuando se cumplen 70 años de la empresa surgida del Instituto Nacional de Industria (INI), entidad estatal promovida en tiempos de dictadura para industrializar el país. La fábrica de Seat en Martorell, integrada en el grupo industrial Volkswagen desde los años 80, es la primera en producción de automóviles de España, que a la vez es el segundo país productor de Europa. Si Seat es importante en Cataluña es porque es grande, a pesar de los gobiernos de la Generalitat complacientes con la genuinidad catalana de la pequeña y mediana empresa (small is beatiful). Desgraciadamente, la deslocalización industrial que tuvo lugar a finales del pasado siglo extinguió prácticamente sectores con fuerte arraigo como el de la electrónica de consumo o la motocicleta, y Cataluña perdió peso industrial, sobre todo de gran empresa .

 

Que durante el estado de alarma por la pandemia, Seat se pusiera a fabricar los respiradores que demandaban las UCI de nuestros hospitales nos dice dos cosas importantes: La primera es que una gran empresa como Seat, aunque milite en el sector de la automoción, puede producir tecnología sanitaria. Salvando las diferencias, la electromedicina es perfectamente asimilable a la fabricación de electrodomésticos como lo es también el vehículo eléctrico. La capacidad industrial y de respuesta rápida y eficaz tiene más que ver con la dimensión y la amplitud de una cadena de valor compleja que implica multitud de otras empresas en sectores diversos. Una constelación de empresas auxiliares de componentes que sin un gran tractor como Seat no estarían fijadas en el territorio. Lo importante en estos momentos de cambios sustanciales es la capacidad industrial más que la especialización.

 

La segunda lección es que sin industria autóctona, sin capacidad industrial en el territorio, somos débiles y dependientes. Cataluña ha de replantear la estrategia al igual que el Estado en su conjunto, porque cuando se busca dimensión hay que pensar en grande también territorialmente. Hay que buscar alianzas. Los proyectos industriales que transformarán la economía en los próximos años tendrán que ver con el Litio extremeño, con el Sol del centro y sur de la Península, y con los puertos de Barcelona, Valencia y Algeciras del corredor mediterráneo, sólo por poner algunos ejemplos de cómo la interdependencia genera soberanía industrial cuando se piensa en grande. Las tensiones vividas los últimos días entre políticos disputándose la fabricación de baterías es justo la antiestratègia. No es admisible que en vez de trabajar buscando complicidades y complementariedades, los gobernantes de aquí y de allá estiren la criatura cada uno hacia su parte. Como es inexplicable la ausencia del Gobierno de la Generalitat el día que actores públicos y privados se conjuraban en Martorell para capturar inversiones millonarias imprescindibles para nuestra industria.

 

También el futuro desarrollo industrial tendrá que ver con los chips de silicio que no fabricamos ni aquí ni en ningún país de Europa. Los circuitos integrados semiconductores son la base material de la tecnología digital. Su producción local es estratégica para tener soberanía industrial. Los semiconductores (el lector disculpará que aquí no podemos entrar en explicaciones más completas y complejas) se fabrican con silicio cristalino dopado con impurezas a escala atómica. El proceso de producción de los sustratos de silicio y la impresión de los circuitos con precisión de nanómetros es muy sofisticado y costoso. Hay pocas fábricas en el mundo, la mayoría en el continente asiático. Para hacernos una idea del grado de sofisticación, el gran terremoto de Japón hace una década hizo que empresas como Sony o Microsoft vieran afectadas las producciones durante meses al romperse la cadena mundial de suministro por la afectación de las fábricas japonesas de semiconductores a las vibraciones. Algo parecido ha ocurrido este pasado enero. En esta ocasión, no obstante, debido al aumento de la demanda mundial colapsó la producción mundial de microchips. El factor principal de aumento de la demanda que ha sido determinante en la escasez de semiconductores, que detuvo la producción el pasado mes de enero en Seat, ha sido la demanda generada por el sector del automóvil que se ha digitalizado. Europa, completamente dependiente de las producciones de Asia y EEUU, afronta la era digital con una enorme vulnerabilidad.

 

La fabricación de automóviles, en la era de la movilidad sostenible, no será emblemática como fue en el pasado, tampoco aconsejable si el objetivo es la descarbonización, pero eso no quiere decir que la capacidad industrial instalada en Cataluña por la cadena de valor de la automoción no pueda continuar contribuyendo al desarrollo económico y al bienestar del país. En realidad, la producción anunciada por Volkswagen en Martorell de un modelo eléctrico significa en cierto modo el retorno del sector de la electrónica a Cataluña, en esta ocasión por la vía del coche eléctrico, que como mínimo tiene un 40% de su valor en tecnología electrónica de gestión, conducción conectividad y potencia. Y otro 40% en baterías. Seat está ya diversificando el negocio más allá de la producción para capturar también una parte del valor de los servicios asociados a la movilidad. La industria auxiliar diseñará y producirá circuitos y software no sólo para los automóviles sino también para el resto de fabricantes de bienes de consumo y bienes de equipo ya que en la digitalización toda cosa se conectará a internet mediante microchips de silicio. La producción de baterías se destinará sólo parcialmente a la electromovilidad. Las baterías sirven además para el funcionamiento de dispositivos diversos, y serán esenciales para la gestión de la curva de demanda de las redes eléctricas, y para el autoconsumo en entornos con un peso creciente de electricidad procedente de fuentes renovables.

 

Baterías de litio y otros vectores energéticos como el hidrógeno verde, así como el diseño y la fabricación de semiconductores con alto grado de integración forman parte de la estrategia industrial de Cataluña y del Estado en el contexto de la transición hacia la electromovilidad y hacia una matriz de generación eléctrica 100% renovable. Estos proyectos industriales son candidatos para recibir financiación europea del Fondo de Recuperación NG-EU, ya que precisan inversiones milmillonarias. Se trata de proyectos ambiciosos sólo realizables con colaboración entre territorios, administraciones e iniciativa privada. El empeño de la política catalana de los últimos años para mantener un pulso con el gobierno del Estado, absorta en los conflictos partidistas internos y externos, y ausente de las responsabilidades de gobernar es el peor augurio para llevarlos a cabo. Catalunya se juega seguir figurando entre las regiones europeas más industrializadas.

 

En los años 80 cuando España estrenaba democracia y Cataluña autonomía lamentábamos el retraso que nos había infligido los 40 años que duró la dictadura. Hoy hace 40 años que murió la dictadura, Seat, aquella fábrica del INI, sobrevive pero no tenemos ni fábricas de baterías ni de semiconductores, que es lo que demanda la nueva era industrial 4.0. El retraso continúa.

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