dijous, 7 d’octubre de 2021

Escasez y cambio de paradigma

S. Clarós

Escalada de precios y desabastecimiento a la vista, que con el concurso de la geoestratégia y la oligoestratégia de los que aprovechan para hacer su agosto, llámense empresas eléctricas, vendedores de gas o propietarios de tuberías intercontinentales, engrosan nubarrones de tormenta, inflación y crisis. Si bien se esperaría un alivio en este tiempo de recuperación, el devenir no da tregua. Puede tratarse de coyunturas del mercado o de coincidencia de factores adversos, pero todo el mundo sabe que el fondo de lo que acontece se llama escasez de recursos puesto que ya nadie pone en duda que la última oleada tecnológica del capitalismo industrial, la del siglo veinte, alimentó el monstruo del consumo y el derroche hasta extremos delirantes. El paradigma tecno-económico de la producción en masa y la energía del petróleo creó el sentido común de un progreso sin límites o, lo que es lo mismo, un crecimiento permanente, que ya llegó a su pico máximo o cenit de extracción para algunos recursos minerales cómo el petróleo, tal como predijo Hubbert. Un final de fiesta que paradogicamente no se produce por agotamiento de las reservas materiales y energéticas sino por la sustitución del metaparadigma por otro nuevo: la digitalización, un conjunto de innovaciones, productos, nuevas industrias e infraestructuras que inducen un salto cuántico de la productividad potencial para la inmensa mayoría de las actividades económicas, modernizando y regenerando el tejido productivo1. 

Las innovaciones tecnológicas son capaces de difundir por toda la economía nuevos insumos que transforman mediante economías de escala no solo la física del planeta sino también el sentido común social. Cambia hábitos, valores, incluso la ambición, en definitiva, el estilo de vida, la política, la cultura. El enorme crecimiento, fuente de bienestar y progreso en la lógica de aquel sentido común social que se desarrolló en el pasado siglo, se revolvió contra sus adalides secando el flujo de recursos que son ahora cada vez menos accesibles, más caros, con productividades decrecientes. El capital financiero, inquieto, viene retirando hace ya algún tiempo inversiones del sector petrolero, redirigiéndolas a las renovables que, junto con la economía circular y la digitalización, conforman el nuevo metaparadigma. Lo que venimos a llamar el cambio de modelo productivo. O si se quiere, en versión más popular, la cuarta revolución industrial. Igual que en las revoluciones industriales precedentes, la difusión de las nuevas tecnologías por toda la economía trae consigo grandes cambios estructurales en la producción, la distribución, comunicación y consumo, así como cambios cualitativamente profundos en la sociedad.    

La gran intensidad material y energética del anterior modelo económico es sustituido ahora por una utilización intensiva del conocimiento. En la práctica, los bits, que son la materia prima de la digitalización, no ocupan espació ni tienen peso. Lo que es genuinamente el producto del proceso digital no es un bien de consumo sino un servicio, aunque para ello se requieran bienes de equipo e infraestructuras que consumen energía y materias primas. Me refiero a ello porque hay una crítica a la transición digital y ecológica que esgrime la insostenibilidad de las propias infraestructuras de la digitalización (ordenadores, smartphone’s o captadores fotovoltaicos, como ejemplos) que obviamente conllevan impactos, más en su producción que en su operación y mantenimiento. La cuarta revolución industrial tiene pues un carácter re-civilizador ya que busca mejorar la relación del sistema productivo con el Medio restaurando los efectos del impacto medioambiental en las fases anteriores, contribuyendo a la lucha contra el cambio climático. La industria digital es la servi-industria: la fabricación no es el fin (obtener un bien de consumo) sino el medio para satisfacer una necesidad. Podemos hablar pues de desmaterialización y de descarbonización en el sentido de desacoplo entre la economía y el consumo intensivo de materiales y energía.

Tras la depresión de la crisis financiera y la pandemia, la recuperación que se espera con la ayuda de los fondos Next Generation no es una vuelta a la normalidad pre-crisis ni mucho menos. La nueva fase del ciclo económico corresponde al despliegue de las nuevas tecnologías con nuevas industrias y negocios a partir de incipientes startups convertidas ahora en empresas fuertemente creadoras de ocupación en ámbitos de la sostenibilidad, las renovables, las TIC, la electrificación, las ciencias de la salud, etc. Sin embargo, el despliegue implica la necesaria asunción por parte de toda la sociedad del nuevo sentido común, abandonando para siempre toda esperanza en el viejo paradigma fordista de la producción y el consumo en masa. Los negocios que no consigan desacoplarse de su dependencia energética, como estamos viendo estos días con el cese de producciones de amoniaco debido al fuerte incremento de los precios del gas, o aquellos que no hayan incorporado el autoconsumo con renovables o tecnologías digitales, o incluso que no hayan cambiado sus operativas de transporte se verán lastrados por costes crecientes, y entraran en crisis. El desabastecimiento de materias primas y la escalada de precios tendrá mayor incidencia en aquellos países que no han hecho los deberes con cambios estructurales en su sistema energético para romper dependencias y en sus políticas industriales de transición ecológica y digital. Lo mismo se puede decir de los hogares y de las ciudades que no adopten transformaciones que las hagan más eficientes, y más vivibles.

Pasados más de 10 años después de la crisis de 2008, empiezan a darse las condiciones institucionales, políticas y sociales para la transición. El Pacto Verde Europeo y el conjunto de políticas adoptadas por los países como el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del gobierno español, responden a la necesaria reindustrialización, que deben ir acompañadas de políticas sociales para evitar el descuelgue de sectores de la población trabajadora, que debido a brechas de edad, tecnología, origen etc. son vulnerables ante los cambios que se avecinan. Ahora el Estado, que debe asumir el protagonismo que cedió en la fase anterior (la neoliberal), debe intervenir también con políticas para la reindustrialización de territorios que pierdan su capacidad productiva como consecuencia del cambio tecnológico, por efecto del cambio climático o del aislamiento del mundo rural. Éstas son las políticas de Transición Justa a las que los gobiernos deben dedicar su empeño y acompañar de recursos suficientes. No olvidemos que el progreso en la nueva fase del ciclo tecno-económico se basará ahora en que el conjunto de la sociedad sin excepciones se impregne del nuevo sentido común, abandone la nostalgia de un tiempo perdido ya irrecuperable. Esas nostalgias se manifiestan todavía en sectores de la sociedad que se rebelan o resisten ante políticas por ejemplo de limitación de vehículos en las ciudades (las zonas de bajas emisiones) o persiguen todavía la ampliación de infraestructuras como puertos o aeropuertos, o niegan evidencias como el cambio climático o la bondad de las vacunas. Un nuevo periodo de prosperidad y bienestar no se puede concebir sin contemplar la limitaciones climáticas y ambientales. Este es el sentido, la orientación y el significado de la transición que solo tiene una respuesta política: modernizar el Estado, los gobiernos y los marcos institucionales y reguladores. En conclusión, el despliegue de esta revolución industrial digital solo se producirá si nos alejamos a toda prisa del viejo modelo, y concebimos otro crecimiento desacoplado de lo material aprovechando las tecnologías digitales para construir un mundo más inclusivo y sostenible.   

 

 



1  Revoluciones tecnológicas y capital financiero, Carlota Pérez, Siglo xxi editores, SA, 2004.

dissabte, 18 de setembre de 2021

Aprendre a viure dins dels límits, a propòsit de l’aeroport

 

S. Clarós


Posicions antagòniques, desacords i tacticisme polític de curta volada han segrestat un debat assossegat sobre si Barcelona i Catalunya necessiten ampliar l’aeroport del Prat. Debat i tranquil·litat són pràctiques quasi oblidades a Catalunya i a Espanya. La presa de decisió més aviat ha anat envoltada de manifestos, traïcions, mobilitzacions i malentesos a falta d’un govern que amb domini de la gramàtica sigui capaç d’escriure un bon discurs amb sentit sobre la Ricarda, els avions i els milions d’Aena. Un relat no ja sobre l’aeroport sinó sobre el conjunt de les infraestructures, en el marc de desenvolupament social i econòmic que demanda l’actual cicle industrial, i que sigui realista d’acord amb les condicions i els perímetres físics, econòmics i ambientals del país, i dels temps que corren. Sense un projecte de país amb consens és molt difícil acordar el futur de l’aeroport.

L’aeroport ens recorda que estem en transició per adaptar-nos als límits, molt pròxims sinó sobrepassats, del territori i dels recursos. Les crisis actuals: l’augment del preu de la llum, els peatges de les autopistes o la capacitat de l’aeroport, tenen a veure amb aquests límits. No som un exemple d’equilibri territorial: Barcelona concentra població i activitat en una Regió Metropolitana que en només el 7,6% del territori acull una població del 64% i  genera el 70% del PIB de Catalunya. El territori metropolità està ocupat pràcticament en la seva totalitat. Això explica les tensions a l’hora d’ampliar l’aeroport i en general qualsevol planejament urbanístic.

El delta del Llobregat compren espais naturals protegits i un parc agrari, a més de diversos nuclis urbans, i també zones industrials i logístiques com el Port i l’Aeroport. Cap d’aquests espais o instal·lacions pot créixer sense afectar-ne d’altres veïnes. La proposta d’AENA per ampliar la capacitat operativa del camp de vol afecta inevitablement l’espai natural i agrari que l’envolta com alternativa al sacrifici de l’urbanització Gavà Mar que, de fet, és la responsable de que els avions no puguin enlairar-se en aquella direcció.

Ni als Vallesos ni al Baix Llobregat hi ha espai per nous corredors ferroviaris que permetin créixer respecte del transit actual, amb un coll d’ampolla a Barcelona que demana des de fa temps un tercer túnel per alleujar la situació. El Port ja no creixerà més perquè limita amb el Riu que ja va ser desviat en una anterior ampliació. Els polígons industrials del Baix Llobregat poden créixer en densitat amb indústria i serveis digitals, però no tenen sòl suficient per una fàbrica de cel·les de liti per a la Seat de Martorell, per posar un exemple. El territori metropolità es troba saturat. Algunes grans industrials com la CELSA de Castellbisbal està ocupant finques ja al límit de la zona inundable de la llera del Llobregat.

L’electrificació de la mobilitat i la climatització d’edificis comportarà una demanda elèctrica a l’àrea metropolitana que aquesta no podrà satisfer amb renovables perquè no hi ha prou superfície de sòl ni de teulades. Portar-la d’altres comarques de Catalunya a on hi fa vent o hi ha sòl disponible topa sovint amb oposició ciutadana contra parcs eòlics i fotovoltaics. Si Catalunya no és autosuficient en la producció d’energia renovable l’haurà d’importar de l’Aragó amb línies elèctriques de molt alta tensió que també rebutja una part de la població. En conclusió, ens trobem en un moment en el que la gramàtica per escriure un relat per a la Catalunya d’aquest segle és diferent de la que coneixíem. Però és absolutament necessari escriure el guió d’aquest projecte de país enlloc de fer promeses ideals com si Catalunya fos el que no és. Queda clar que les decisions que cal prendre respecte de l’aeroport transcendeixen al futur d’una llacuna pratenca emprada com excusa per la confrontació.

Quina és la nova gramàtica? En primer lloc, l’escassesa de matèries primeres que augura un increment de preus generalitzat, que ha agafat als governs desconcertats i desarmats, com l’espanyol que, per boca de la ministra Ribera, demana empatia a les elèctriques que és tant com demanar la lluna. En segon lloc el context «d’emergència climàtica» com ho han definit els mateixos governs davant l’advertiment de la comunitat científica, i més recentment l’informe de l’IPCC, dels danys irreversibles de no actuar amb fermesa i urgència. Tot, acompanyat -per major credibilitat- de l’impacte emocional aquest estiu dels incendis, sequeres, huracans i fenòmens meteorològics extrems, que està encenent alarmes no només en els governs sinó també en els mercats financers i les empreses del sector energètic.

Catalunya és un país petit i amb pocs recursos naturals, però ha sabut contrapesar les mancances aprofitant l’estratègica posició de centralitat en la mediterrània occidental, enfocada a la indústria i el comerç. La transició cap a una economia digital, verda i circular brinda una oportunitat per descarbonitzar i desmaterialitzar l’economia per dependre menys dels recursos que no tenim. Reduir la mobilitat comportarà transformar el model turístic i en conseqüència reduir el tràfic aeri, sense que això signifiqui un retrocés en ocupació i benestar si som capaços d’incrementar proporcionalment el pes del Pib industrial electrificant els consums energètics, aprofitant el potencial de la biomassa dels nostres boscos i cultius, limitant l’activitat agroalimentària a aquella que no sobrexplota els recursos hídrics i manté la producció càrnica dins del que poden absorbir els embornals per a les dejeccions ramaderes, reconvertint la petroquímica i la indústria de l’automòbil, entre altres. Caldrà dedicar-hi bona part dels pressupostos públics i també els fons europeus de recuperació. El cost de la reconversió industrial no ha de recaure en els treballadors. Una transició justa demana plans i recursos públics per l’acompanyament dels treballadors i de les comarques que perdin capacitat productiva. Les polítiques socials han de protegir les franges més vulnerables de població davant l’increment de preus dels recursos bàsics. Vet aquí un pla de país.

Tornant a l’aeroport, els governs haurien de negociar una inversió que modernitzi les instal·lacions fent-les més eficients i sostenibles. Inversió en una nova terminal que ajudaria a descongestionar i guanyar més operativa en el camp de vol. Instal·lacions d’autogeneració i millora de l’eficiència energètica. Inversions en recerca d’aeronaus sostenibles en col·laboració amb  l’Escola d’Enginyeria de Telecomunicació i Aeroespacial de Castelldefels. Tot però sense sortir del perímetre actual de l’Aeroport, en una lògica no expansiva sinó de contenció per no afectar els espais naturals. La humanitat sobreviurà a aquest segle si és capaç de d’aprendre a viure i créixer dins dels límits que ens posa el planeta. Catalunya necessita un full de ruta que reconegui els seus límits. Ignorar-los només ens conduiria al col·lapse. La negociació amb Aena i el govern de l’Estat ha de ser possible en un clima de cooperació.

dimarts, 31 d’agost de 2021

Les autopistes: el cost de no pagar

Salvador Clarós

Manel Ferri


Amb motiu de la fi del període de concessió d’algunes autopistes de l’Estat i la Generalitat a Catalunya, que aquest setembre de 2021 aixequen barreres, ha tornat el debat de la gratuïtat. Queda lluny, però encara present, el record de la campanya instigada per alguns partits polítics, #novullpagar, com a protesta pel que consideraven un abús de les empreses concessionàries pel fet de cobrar peatge per unes infraestructures suposadament amortitzades, i una discriminació amb relació a altres territoris d’Espanya. La rebel·lió ciutadana, que va acabar amb milers de conductors sancionats, venia a suggerir que els ciutadans tenim dret a fer ús gratuït d’infraestructures com les carreteres d’altes prestacions. Una actitud sorprenent per irresponsable, més quan la majoria de les vies d’alta capacitat a Europa són de pagament. Prometre la lluna quan el dret a la mobilitat associat al vehicle privat és percebut com una conquesta més de les classes mitjanes, és d’incauts.      

L’omnipresència del vehicle privat en l’estil de vida havia pràcticament convertit en un dret circular per la xarxa viària inclús fora d’ella, també aparcar el cotxe al carrer i sobretot la moto a la vorera davant de casa, també contaminar l’aire que respirem, fins col·lapsar carrers, carreteres i el propi clima, tot de forma gratuïta com si no tingués cost. Posar límit a aquell suposat dret per combatre el canvi climàtic, els col·lapses de tràfic i els accidents de circulació que són, amb permís de la Covid, les grans amenaces d’aquesta civilització, no és una qüestió d’ideologia com creuen alguns que critiquen les mesures sinó de responsabilitat política. Des dels diferents nivells de governança, que van de les directives europees fins a ordenances municipals, passant per lleis regionals i estatals, s’està regulant l’aparcament de superfície i zones de baixes emissions a les ciutats, els peatges a les carreteres, i la prohibició en els espais naturals, entre altres mesures. No obstant, alguns col·lectius com la plataforma veïnal de l’AP7 encara tenen instal·lada la idea de la gratuïtat d’aquesta autopista. I el periodisme cada cop més de pa sucat amb oli d’algunes televisions recreen l’eufòria ciutadana per l’aixecament de barreres com si es tractés d’una conquesta nacional.

Inclús els que antany advocaven per no pagar, quan governen han d’assumir la responsabilitat, per impopular que sigui, de traslladar als usuaris el cost de l’operació i manteniment de les vies d’alta capacitat. Aixecar les barreres sense més és una invitació a continuar agafant el cotxe. Les vies d’alta capacitat com l’AP7 que connecten Catalunya amb la resta d’Espanya i França han d’emmotllar-se a l’estratègia europea: pagar per ús, és a dir, paga més qui fa més quilòmetres i més contamina. Perquè l’objectiu no és només generar ingressos que permetin mantenir la xarxa de carreteres sinó també desincentivar l’ús del vehicle privat, sobretot el que contamina i el de baixa ocupació, i derivar recursos cap a la mobilitat sostenible, eficient, segura i el transport públic col·lectiu. La gratuïtat, la tarifa plana o inclús el peatge a l’ombra fomenta encara més l’ús del vehicle privat, com veurem amb tota probabilitat a partir de que s’aixequin les barreres sense que les administracions competents hagin previst a temps la forma de cobrament substitutòria.

Catalunya va ser la primera regió d’Espanya on es van construir autopistes a finals dels anys 60, d’acord amb el seu nivell de desenvolupament industrial i turístic. La Generalitat ha desenvolupat des de llavors un model (permeteu-me la simplificació) consistent en fer metro a Barcelona i carreteres a la resta del país, les concessions pel finançament, l’operació i manteniment de les quals s’allargarà encara quasi vint anys més. Es tracta de la C16 de Terrassa a Manresa, la C32 (túnels del Garraf), els túnels de Vallvidrera i els del Cadí, i la C25 (l’Eix Transversal) actualment amb peatge a l'ombra. Quan encara estem pagant unes carreteres que potser no arribarem amortitzar, el món va canviar de direcció sense que els poders públics d’aquí donessin senyals d’assabentat. El debat ambiental i els impactes de la mobilitat, les externalitats que genera el transport de camions, cotxes i per descomptat l’aviació i el transport marítim van ser ignorats. Es va optar per les carreteres enlloc d’invertir en ferrocarril, irrigant la regió metropolitana de Barcelona i de la resta del país amb una xarxa de transport públic multimodal. Ara, amb el dièsel en vies d’extinció, la gasolina pels núvols i l’electricitat batent rècords  tarifaris, és a dir a les portes d’una crisi energètica, el model grinyola per més que els governants venguin l’aixecament de barreres com un alleugeriment.          

Urgeix que el govern de l’Estat proposi en breu una tarificació per ús de les autopistes, autovies i la resta de carreteres. El confinament per la COVID ens va ensenyar que la reducció de la mobilitat s’ha traduït en reducció d’emissions de CO2, millora de la qualitat de l’aire i reducció significativa dels accidents de circulació. I una cosa encara més significativa: que els canvis substancials són possibles amb voluntat política i cooperació entre tots. Les carreteres son filles d’un model de societat amb un estil de vida insostenible que forma més part del passat que del futur: el polígon industrial, la segona residència i el SUV. Ja és hora de pensar en un altre model urbà, turístic i industrial amb una altra mobilitat. Entretant, que les carreteres no siguin una càrrega per els ciutadans. 

dilluns, 16 d’agost de 2021

Preu de la llum i estil de vida



S. Clarós

El preu de la llum és una de les armes llancívoles contra el govern preferides per l’oposició, encara que tractant-se del PP l’arsenal és immens. Però també és un dels canals que mobilitza més desafecte entre la ciutadania que busca culpes entre el presumpte abús de l’oligopoli de les Elèctriques, l’afany recaptatori de l’Estat i l’indesxifrable suma de conceptes de la tarifa. De tot hi deu haver, però el debat sembla recrear-se en la confusió i el malestar de la “sospita”, sense entrar al fons de la qüestió que és el canvi de model energètic i les seves conseqüències: s’ha acabat l’energia barata.    

Corren temps en els que la percepció ciutadana de mala gestió, de mals resultats i ombra de corrupció, erosiona la confiança i el suport a les institucions, als governs i també als partits polítics. Afebleix, en definitiva, l’autoritat de l’Estat i la seva legitimitat, acabant per qüestionar la democràcia i aplanant el camí als populismes. La recessió econòmica de 2008 i la Pandèmia han contribuït a crear un estat irat de frustració popular, sobretot entre les classes mitjanes, ara molt exigents, que fa que davant l’augment dels preus de l’energia, ens blindem amb mesures pal·liatives com el decret de pobresa energètica, la reducció de l’IVA, o la remunicipalització del servei que, si bé poden donar senyals benintencionats, no toquen el fons de la irritació i del temor d’àmplies majories socials: quan el cost de béns i serveis com l’habitatge, la llum o la gasolina, que són essencials per a un estil de vida de classe mitjana, augmenten a un ritme superior als ingressos de les llars es pot desencadenar una crisi social i política. Les causes últimes, de les que se’n parla poc, són l’escassesa de recursos materials i energètics per continuar proveint els serveis que demanda la societat benestant, el turisme de masses, les segones residències i els SUV (Sport Utility Vehicle), per posar alguns exemples que identifiquen l’estil de vida de les classes mitjanes occidentals. Aquest és el fons del debat que ningú vol fer sobre el preu de la llum.   

Canvi de model energètic

El preu de la llum és un indicador de la tensió que genera el canvi de model energètic a escala global. Al marge de diferencies en els mercats elèctrics locals (no tantes en el context europeu), la remor de fons que inunda l’escena mundial és la transició del model energètic, els canvis en la forma de produir i de consumir que determinaran en els propers decennis unes noves i diferents formes de convivència, de relacions comercials i polítiques, i d’estil de vida.  

Hi ha unes causes associades a aquest canvi de model energètic que són, d’una banda, la desinversió en cerca de nous jaciments d’hidrocarburs (la inversió s’ha traslladat a les renovables), i també la decreixent taxa de retorn energètic TRE (la TRE és l’energia  obtinguda per cada unitat d’energia emprada per obtenir-la) dels hidrocarburs actualment en explotació que, al marge d’altres circumstàncies conjunturals o de mercat que solen provocar una alta volatilitat dels preus, arrosseguen tendencialment a l’alça el cost de l’energia tal com estem veient aquest estiu amb el preu del gas i de les gasolines. Per si no fos poc, cal sumar el cost també creixent dels drets d’emissions que adquireixen les elèctriques en el mercat del CO2. No entraré a considerar l’efecte agreujant que té en els preus finals el sistema de mercat marginalista que opera als països europeus, ni els impostos i altres càrrecs que cada país aplica a la facturació en funció de les seves circumstàncies particulars, que tan entretenen avui als “experts” amb polèmiques estèrils perquè, si bé determinen diferencies entre països, no canvien essencialment la tendència a l’encariment de l’energia.  

El mercat elèctric trasllada aquests costos creixents segons el pes que tinguin els combustibles fòssils en el mix elèctric. Com més dependència d’aquests, més car el preu de la llum. Ara bé, per altra banda la creixent penetració de renovables en el mix elèctric, avui encara en una fase de desplegament incipient, i en alguns llocs com a Catalunya en fase preliminar de debat públic sobre el seu desplegament, contribuiran a reduir el cost de la llum, sobretot quan l’aportació de renovables al sistema sigui suficient per substituir el carbó, el gas i les nuclears. En aquesta transició de les fòssils a les renovables es produiran amb tota probabilitat grans tensions al mercat de l’energia a escala global, amb previsible desproveïment, amb pujades de preu que arrossegaran a crisis profundes aquells països que no hagin transformat prou ràpidament les seves economies.   

Canvi d’estil de vida

La península Ibèrica, una de les regions europees amb més abundància d’energia renovable,  podria ser en el futur la regió europea amb els preus més baixos de la llum tal com  expliquen Daniel Pérez i Joan Herrera, a Precios electricos: ¿Hambre para hoy, pan para mañana? . No obstant, això no vol dir energia barata. Els preu de l’energia renovable, a més dels condicionants del mercat, té a veure amb la baixa TRE en comparació a les fòssils i l’urani, i també amb la menor disponibilitat total ja que la generació solar i eòlica depenen de la superfície de territori disponible, un bé escàs si ens referim sobretot a territoris urbans i metropolitans on hi ha una gran demanda d’energia i poca capacitat de generació. Altres condicionants del sistema elèctric és la distribució i l’emmagatzematge. Qui es queixa avui de la pujada del preu de la llum, de la discriminació horària, es mostra escèptic amb els vehicles elèctrics i recela de les empreses industrials d’energia, és perquè en realitat no està disposat encara a acceptar que la única forma de reduir la factura elèctrica és consumir menys energia. Estalviar i fer-ne un ús més eficient. És aquí on el debat popular i mediàtic de la pujada de la llum interroga sobre el nostre estil de vida. Sobre la impossibilitat de mantenir el model industrial i de consum actual perquè l’aprofitament energètic amb font renovable no proporcionarà mai la quantitat immensa d’energia que avui malbaratem procedent del reservori fòssil. L’impacte principal es donarà en les activitats més intenses en energia com la mobilitat (el transport de mercaderies a llarga distància i el turisme), la mineria i activitats extractives, l’edificació, la construcció i les activitats relacionades amb la fabricació de ciment, ceràmica, vidre, i la fosa de metalls com l’alumini i altres. La resposta a aquest repte és la transformació del model econòmic i productiu cap a una economia circular més basada en els serveis que en els béns de consum. També en un model d’economies locals autosuficients amb menys mobilitat.

El món que sortirà d’aquesta revolució energètica serà molt diferent del que coneixem, com també ha passat en els anteriors canvis de paradigma energètic: el carbó, l’electricitat... El progrés s’assentarà sobre unes noves i diferents bases que transformaran completament el concepte de riquesa que hem integrat les generacions del segle vint. Aquells savis consells dels nostres pares “no deixis el llum encès o l’aixeta oberta” deixaran de ser el paradigma de la pobresa. L’austeritat és l’única estratègia viable que guiarà les tecnologies i la política d’aquest segle a diferencia del malbaratament que va ser la icona d’un model passat quan el preu barat del petroli va ser la causa per la qual la nostra generació ha consumit en 100 anys la meitat de les reserves planetàries d’aquest mineral, i ara es disposava a consumir la segona meitat... Potser vist així, aquesta societat entengui que l’augment del preu de la llum no és un senyal de decadència sinó una oportunitat per a les generacions que vindran a continuació. 

dimecres, 11 d’agost de 2021

Fugida del paradís

 S. Clarós


El Canvi climàtic és ja  el major desafiament. Hem trigat 30 anys a reaccionar, i encara tímidament, a l’evidencia de l’origen antropogènic de la desestabilització del clima. Cada minut que passa s’agreuja l’amenaça per a la humanitat. Les contramesures per fer front a una probable catàstrofe ambiental, econòmica i humanitària centraran els conflictes, les aliances, i les polítiques internacionals d’aquest segle. Les possibilitats que tenim d’aturar el canvi climàtic són escasses o nul·les. I la capacitat de resiliència per sobreviure’l fa temps que la vam perdre com espècie. Als humans només ens queda la política i la fraternitat.   

 

El llibre del Gènesi diu que Déu va fer la matèria i l’energia que formen l’Univers. Déu va fer els planetes, els rius, els mars i les muntanyes. La matèria s’organitzava creant ordre. Déu va fer la vida, totes les espècies, també l’home i la dona, fruit d’una evolució en la qual els organismes vius han anat adquirint forma i funcions complexes per sobreviure, competir, reproduir-se i colonitzar l’hàbitat. La seva raó de ser no era altra que desenvolupar capacitats adaptatives a un medi que per aquesta raó els seria cada cop menys hostil. Jerarquies tròfiques i de poder definien l’equilibri entre les diferents entitats. I així, l’ecosistema esdevingué el paradís i única casa de les espècies vives.

L’home i la dona –explica el Gènesi- van desobeïr el mandat de Déu. Creient-se, ells mateixos, l’obra més acabada i perfecte de la creació, els humans capgiraren l’ordre adaptatiu emmotllant l’ecosistema sencer al seu desig i ambició. En invertir la lògica adaptativa, Adam i Eva, assessorats per la raó intel·ligent, emprenien un procés involutiu lliurats al coneixement de la física de les coses, canviant la capacitat innata (genètica) de submissió a l’ordre natural per la voluntat de subvertir-lo. El camí sense retorn, tal vegada la involució neolítica, la vam desenvolupar els humans fa uns 7.000 anys amb profunds canvis socials com l’aparició de l’excedent de producció, germen del capitalisme actual. Cap al segle XV, amb els descobriments, s’accelerava un procés de globalització amb notables impactes en els ecosistemes. Fins que la revolució industrial, amb la incineració del reservori combustible fòssil, l’energia acumulada en el decurs de 4.500 milions d’anys a les entranyes del planeta, va precipitar un canvi climàtic que ja no s’aturarà, almenys en la petita escala temporal de les generacions actuals.  

El nostre paradís terrenal és un sistema energèticament obert que intercanvia amb l’espai exterior. Es comporta com un receptor i acumulador d’energia procedent de l’estrella solar, mare i senyora d’aquesta part de l’Univers, que amb l’alè dels seus raigs va infondre vida al fang inert creant la biosfera o comunitat d’essers vius. Els metabolismes de la biosfera regulen l’intercanvi d’energia amb l’exterior a través de la persiana de carboni atmosferic que en filtra el flux. D’aquest singular equilibri, que anomenem clima, en devem la forma i funció de tota espècie viva. La Terra però és un sistema tancat pel que fa a la matèria que no intercanvia amb l’espai exterior. Els balanços materials de tota activitat planetària són de suma zero. És un jardí sense portes que la comunitat humana no podrà abandonar mai perquè és la seva única raó de ser. Potser sí els seus gens. No obstant, arribada l’edat del foc, amb l’antropocentrisme arrogant fruit del coneixement i la raó, Adam i Eva van emprendre la fugida del paradís. Amb una increïble capacitat simbòlica havien inventat un metabolisme fictici, que anomenaren economia, a través del qual es creava riquesa miraculosament a partir de res. L’aparent capacitat creadora de l’Homo Sapiens ens havia negat la humilitat necessària per reconèixer, un cop ja exclosos del verger, que al capdavall allò que comptabilitzavem com a guany era tan sols un préstec d’energia de l’arbre del coneixement del bé i el mal que no podrem retornar mai més per generacions i generacions...

(L'Agulla, octubre de 2018)

dilluns, 9 d’agost de 2021

L’aeroport: un debat sobre el model de país

S. Clarós

El pacte de l’aeroport, que està generant el malestar que transmeten els mitjans i les xarxes socials, a més de les tensions i controvèrsies en els propis partits polítics, posa a debat el model de progrés, o sigui el model de país. El Govern, independentista, ve prometent un pla per a una Catalunya sobirana en el marc de la transició ecològica i digital que ara, quan no han passat encara tres mesos del nou govern que presideix Pere Aragonès, va prenent alguna concreció a satisfacció o no d’adeptes i contraris. L’acord es resumeix a grans trets en: 1) Inversió de l’Estat de 1.700M en l’obra d’ampliació que finalment s’autoritzi previ Pla Director amb una àmplia participació. 2) Complementàriament, unir els aeroports de Reus i Girona via AVE amb Barcelona, aconseguint un sistema aeroportuari més integrat. I 3) que l’afectació mediambiental sobre els ecosistemes fluvials del Delta sigui mínima perquè l’aprovi la Comissió Europea. El debat, al qual aquesta reflexió voldria contribuir, ha de respondre en essència a dues preguntes, la primera de les quals és: quines infraestructures i quanta pressió pot aguantar el territori -en aquest cas el delta del Llobregat- dins d’un consens social de convivència raonable. La pregunta, que es podria estendre cap a altres indrets del territori atès que les infraestructures de generació renovable estan creant també controvèrsia a diversos paratges de la nostra geografia, igual com la massificació turística aixeca també pancartes arreu, porta a una segona pregunta d’àmbit superior: quin és l’impacte ambiental que pot continuar suportant el planeta en nom del progrés abans de col·lapsar.  

Entre la infraestructura logística i el medi natural

La urbanització metropolitana i les infraestructures, sobretot el Port i l’aeroport, han anat devorant progressivament els paratges naturals i el sòl agrícola del baix Llobregat, tot i projectes fallits com Eurovegas, fins el punt de ferir l’ànima sensible d’una ciutadania que ara veu aquest model de progrés com una amenaça al medi natural i al propi benestar. Això no treu que siguin bona part dels mateixos ciutadans els beneficiats silenciosos o usuaris d’un model logístic i de transport aeri que envaeix de fa temps el territori del delta. La possibilitat de que l’ampliació de l’aeroport afecti la finca de la Ricarda no sembla una qüestió menor com perquè les institucions, la societat civil organitzada i els tribunals competents mirin cap a una altra banda. Encara menys quan un tribunal britànic ha declarat il·legal un projecte d’ampliació de l’aeroport de Heathrow al considerar que l’obra proposada no tenia en compte els compromisos del govern per la reducció d’emissions. La manca d’espai per encabir-ho tot en una Regió metropolitana ja molt densa fa que en el cas de l’aeroport el dilema sigui escollir entre el bé natural o la infraestructura, ja no dic el bé social i econòmic que és com ho ven Aena perquè precisament el que es tracta de discernir és si l‘augment del tràfic aeri que es proposa amb el node aeroportuari intercontinental beneficiarà o perjudicarà en darrer terme els interessos econòmics i socials del país.

Creixement i progrés

Quins són aquests interessos? Ampliar o no l’aeroport, en un moment que Catalunya i el món, però sobretot Europa, es replanteja el model de creixement, atès que la mobilitat, inclosa la aèria, és responsable de la major part d’emissions d’efecte hivernacle, ens situa en la direcció que fixen les directives europees per la descarbonització o en contra direcció. La transició ecològica i la protecció de la biosfera és la prioritat màxima com reflecteixen les Directives i les inversions amb fons de recuperació per reindustrialitzar el continent i descarbonitzar l’economia. El que està dient Europa amb l’estratègia del Pacte Verd Europeu és que vol impulsar un canvi de paradigma econòmic i social amb uns nous paràmetres de progrés que dissocien el creixement econòmic de l’ús de recursos i d’energia amb el fi de deixar de produir emissions netes de gasos d’efecte hivernacle el 2050. Tothom estarà d’acord que amb aquest plantejament l’aviació ho té francament difícil per poder continuar operant amb els creixements que hem vist en el passat abans de la pandèmia. No oblidem, a més, que les principals aerolínies europees no haurien sobreviscut a la pandèmia sense el rescat multimilionari dels Estats corresponents.

El negoci de l’aviació low-cost que ha multiplicat el turisme mundial gràcies a externalitzar els seus costos ambientals ja no té més recorregut si ha de fer front als límits d’emissions amb sobrecostos d’un mercat de carboni amb preus a l’alça, uns més que probables impostos al CO2, i augment també del preu del querosè. L’alternativa amb combustibles lliures d’emissions, que serà amb tota probabilitat l’hidrogen verd, no és a prop perquè l’amortització anticipada del parc d’aeronaus i la capacitat industrial per a la producció d’hidrogen verd, junt a la reconversió del negoci no es produirà abans d’una dècada. Aena, en canvi, ens remet a les previsions de IATA segons les quals es recuperaria en 5 anys el transit aeri de 2019 per créixer a continuació en un escenari tendencial, justificant així la necessitat de fer l’aeroport més gran. D’aquí el xoc frontal de percepcions entre qui creu que cal continuar creixent i qui creu el contrari. Ni les exigències mediambientals, ni les econòmiques, ni els reptes que ha d’afrontar el sector aeri, la ciutat i el País semblen alineades amb el que han pactat els governs. Tal vegada  respon a interessos curtplacistes de determinats lobbies, si no a una mera escenificació política.  

Projecte de País

La darrera qüestió és si gràcies al node de connexió aèria intercontinental de la proposta d’Aena, Barcelona i Catalunya figuraran al mapa mundi en el punt de mira dels negocis internacionals, i la infraestructura esdevindrà la pista d’aterratge de negocis multinacionals que augura l’estudi encarregat per l’aeroportuària a la UB i la Cambra de Comerç, on l’atracció d’inversió estrangera amb arrossegaments molt diversos sobre el conjunt de la ciutat i de l’economia catalana faria créixer un 2% el PIB creant desenes de milers de llocs de treball. El risc de que aquest relat esdevingui el “conte de la lletera” és elevat. El citat estudi contempla un augment de llocs de treball pel creixement del nombre de viatgers i l’augment de serveis aeroportuaris que comportaria, i també altres impactes indirectes en la resta de l’economia pel fet que més ocupació es tradueix en més consum, així com  impactes induïts i també catalitzadors, sempre tots positius. Si la justificació de l’impuls econòmic a la llum de les connexions intercontinentals -segons el Pla d’Aena- és la “Ciutat aeroportuària”, un desenvolupament urbanístic de 328 ha de sòl en el perímetre de l’aeroport propietat d’Aena, de les quals 185 són de sòl logístic i comercial amb una execució prevista a 20 anys (4 milions de metres quadrats de sostre edificable, pel capbaix) d’on sortirien importants plusvàlues immobiliàries, estaríem davant el model clàssic de l’economia “del totxo” que no crec que aporti cap benefici al país, per més que sí als propietaris del sòl.   

Pla industrial per a la Recuperació

Catalunya ha d’inserir les inversions en infraestructures en les agendes 2030 i zero emissions 2050, en el marc del pla de recuperació, transformació i resiliència pactat amb la Comissió Europea. Les inversions per a la Recuperació que rebin fons europeus han de ser inversions en economia productiva. L’augment del tràfic aeri que contempla Aena per a l’aeroport de Barcelona, i posats a dir també pel de Madrid-Barajas, va en contra dels plans de reducció d’emissions, es miri com es miri. El repte que té Catalunya és definir un pla de transició ecològica pels propers decennis per guanyar sobirania industrial i energètica que comportarà un redimensionament sectorial enfocat específicament a repensar el sector turístic, el de la mobilitat amb l’aviació inclosa, el de l’energia per substituir les nuclears i les tèrmiques de gas per fonts renovables. Encarar un futur per la petroquímica de Tarragona amb biorrefineria, producció d’hidrogen verd, biofactories de química molecular per la producció de plàstics i materials ecològics. I per digitalitzar l’economia i vèncer les bretxes digitals i socials que contràriament podrien deixar gent a la cuneta de la història, entre altres prioritats estratègiques que encarant a plena consciència la dimensió real del país, les seves fortaleses i les possibilitats i consensos possibles permetin una modernització social i econòmica d’acord al moment que vivim. 

Catalunya és un país petit i interdependent, amb una economia industrial i exportadora que concentra població i generació de Pib a la limitada i densa Regió metropolitana de Barcelona, amb una capital molt ben situada a l’arc de connexions de la Mediterrània occidental. Però al territori català no hi cap tot. Hem vist com s’estenen els conflictes socials en la mesura que el petit territori es disputa les noves infraestructures que necessita per encarar el nou cicle tecnològic. En els propers anys, l’escassesa d’energia barata i de matèries primeres estratègiques serà un handicap si no canviem el model productiu i de consum cap a la circularitat i l’autoproveïment. És hora de planificar el futur, fer-ho ràpid, amb humilitat i lucidesa i d’acord a l’interès de la població per ajustar l’economia als valors del nostre entorn, a les capacitats del nostre teixit productiu, col·laborant més que competint amb les altres regions i autonomies d’Espanya i Europa de les que depenem pel que fa als recursos, als mercats i les infraestructures. Més humilitat i menys arrogància serien valors aconsellables alhora de pactar l’aeroport.  


diumenge, 18 de juliol de 2021

“La història no es repeteix però rima”




 S. Clarós

Prenc el títol prestat de la conversa “1962/2022 dos moments de canvi de direcció (la història no es repeteix però rima)” entre el periodista Enric Juliana i el sindicalista Isidor Boix, amb la conducció de Paola Lo Cascio, que va tenir lloc aquest juliol amb la convocatòria de la fundació Cipriano Garcia de CCOO i la revista Nous Horitzons. Soc testimoni d’aquesta incerta rima que, amb una cadència de 60 anys i en escenaris històricament diferents, evoca  canvis tecnològics, socials i polítics, eclesials, culturals...i de tota mena, reformatant el sentit comú social. 

Els anys 60 van ser anys de grans expectatives de futur. L’impuls del Pla Nacional d’Estabilització Econòmica, promogut des de la mateixa dictadura, havia tret al país de l’autarquia imprimint un fort creixement industrial sobretot a Catalunya i al País Basc. Els turistes, la televisió, el 600 i Rock & roll, entre altres esnobismes significaven modernitat i progrés que tenia nom de ciutat. El moviment migratori de la població rural cap a les fàbriques que desencadenà no planyia el territori buidat, com ara, sinó que celebrava la prosperitat urbana acabada de descobrir a pesar de les draconianes (ens semblarien avui) condicions d’existència en els barris dormitori del cinturó industrial de Barcelona, i les penoses condicions laborals (ens semblarien avui) a les fàbriques. Juliana aprofita sempre per recordar que just aquell progrés industrial va sembrar la llavor de la principal contestació del tardo-franquisme: les CCOO a les fàbriques i les AAVV a les perifèries urbanes. El bikini, la minifaldilla, els Beatles, eren signes d’obertura, d’atreviment i desafiament confirmant una voluntat de deixar enrere els temps de la depressió. Els nous mites: la democràcia i la llibertat. L’onada de canvis -els 30 gloriosos anys de progrés- venia d’Europa, era fruit de del Pla (Marshall) de recuperació que invertia milions de dollars en la reactivació de les malmeses economies de postguerra.

La dècada que just iniciem pot ser l’inici d’una nova època daurada de creixement i prosperitat. L’exitosa vacuna de la Covid i el pla europeu de recuperació Next Generation (el Pacte Verd Europeu) serien els grans artífex d’un nou període de creixement per Europa, amb una pluja de milions d’euros per construir les infraestructures del nou temps, creant també milions de noves ocupacions. Espanya té un Pla d’acord al full de ruta europeu: Plan de Recuperación, transformación y Resiliéncia que es proposa desplegar l’enorme potencial de les innovacions de la digitalització que, junt amb el paradigma de la sostenibilitat ambiental, en un territori peninsular on hi brilla el Sòl, son els motors de la gran transformació estructural de l’economia del país. Res no assegura que passi perquè la història no es repeteix, però si és veritat que rima estaríem a les portes d’un green new deal que, a semblança de quan Espanya fa 60 anys fixava la mirada en el Mercat Comú, albiraríem ara un futur verd i digital, més just i global.  

Les expectatives dels 30 gloriosos van començar a decaure quan  el 1974 el barril de petroli multiplicava per 7 els 1.5$  de 1962, arrossegant el món cap a una crisi que obria la porta a l’escenari neoliberal. La rendibilitat decreixent d’una industria en la seva maduresa i llastrada pel cost de l’energia s’acarnissava amb els salaris i amb l’Estat del Benestar. L’escalada del preu del petroli, amb alts i baixos, no ha deixat de créixer arribant el juny de 2008 a rondar els 147$ el barril de Brend. Avui el petroli és l’enemic a batre, i per això el nou cicle de creixement s’enfronta novament a la crisi energètica que ara amenaça amb un col·lapse de subministrament si no transformem molt ràpidament l’economia descarbonitzant i desmaterialitzant el model productiu i de consum. D’això va el nou pla Marshall, ara anomenat Next Generation que començarà a lliurar milions aquest mateix mes d’agost.  

Que la història rimi dependrà de les decisions polítiques i de l’encert i col·laboració de governs, agents socials i econòmics i de la ciutadania en general. Per desplegar el potencial tecnològic del nou paradigma digital i ecològic es precisa un lideratge públic que prioritzi les polítiques redistributives, redueixi la desigualtat i protegeixi las franges més vulnerables. Augmentar, per exemple el salari mínim, redunda en que una part d’aquest augment es converteixi en demanda de béns i de serveis. Perquè el nou paradigma tecnològic creï ocupació cal reformar les institucions, replantejar les polítiques, abandonar el fonamentalisme del mercat que va portar a l’austeritat i començar a pensar en gran i en global. Superar en definitiva les resistències que en forma de nacionalismes i revisionismes han encimbellat lideratges populistes creant tensió i enfrontament entre els ciutadans.  A Espanya estem ara mateix encara instal·lats en la fase de passar comptes. Només cal veure la preponderància de l’estament judicial per sobre del legislatiu. Les causes pendents, els ressentiments i picabaralles no deixen agafar velocitat a les polítiques de recuperació i transformació. Un error històric que ens va passant factura ja ara mateix a Catalunya, que cal superar amb urgència.

diumenge, 27 de juny de 2021

El planeta, la darrera frontera



Rememorant "Els límits del creixement

S. Clarós

L’any que ve farà 50 anys de «The limits to Growth»[i] (1972), l’informe que alertava per primer cop amb rigor científic del risc de col·lapse planetari, de continuar amb el model de creixement de les economies industrials. Va ser encarregat pel Club de Roma als professors Dennis i Donella Meadows i Jorgen Randers del MIT. El Club de Roma és el que ara en diríem un think tank, una organització civil d'empresaris i acadèmics que volia influir en el context polític internacional, poc sospitosa d’ecologista antisistema. Però aquell informe va incomodar, i de quina manera, a l'establishment que podia sentir qüestionada la sacrosanta teoria del creixement i l’acumulació de capital, alma mater del progrés, enunciada quasi dos-cents anys abans per Adam Smith en las seva «Riquesa de les Nacions»[ii]. Hi ha "veritats incòmodes" va reconèixer l’exvicepresident dels EUA Al Gore en un emotiu reportatge del compromís personal en la conscienciació sobre l’escalfament global[iii]. L’informe del Club de Roma va desencadenar el negacionisme, la no acceptació del col·lapse com una característica de l’univers intrínseca al creixement exponencial, que escapa a l’arrogància humana que nodria aquell món d’economistes liberals. El desmentit als postulats clàssics d’Adam Smith, de la ma d’economistes amb una sòlida formació matemàtica, venia de les lleis de la termodinàmica, les quals fixen els límits veritables que fan que el creixement indefinit no sigui més que una il·lusió o un engany que ensenyen les escoles de negocis per quadrar les seves equacions. El matemàtic i economista Nicholas Georgescu-Roegen acabava llavors de publicar «La llei de l’entropia i el procés econòmic»[iv] (1971), obra que es pot considerar fundacional de la bioeconomia o de l’economia ecològica, que ha tingut i té notables representants a casa nostra com els professors José Manuel Naredo o Joan Martínez Alier, entre altres, que han contribuït a popularitzar conceptes com sostenibilitat o decreixement econòmic, que estan en la base de les polítiques actuals de la transició ecològica.   

L'última frontera no és l’espai interestel·lar de Star Trek sinó el planeta que ens atrapa i confina. És l'única frontera a considerar que té algun sentit: el límit infranquejable l’imposa la llei de la gravetat (g) que atrapa per l'indisponibilitat  d’energia per a l'exportació material. El món semblant més proper és inabastable, existeixi o no. La nostra materialitat adaptada en forma i funció a la física d’aquest planeta, i no de cap altre, ens encarcera per sempre. Si alguna civilització és capaç algun dia  d'escapar per transportar-se espai enllà serà amb tota probabilitat en forma d’ADN o de virus. Dins la frontera del planeta blau ens governa una pseudoeconomia que ignora expressament les lleis físiques, les que importen en darrer terme. Si una cosa ens va ensenyar l'informe del Club de Roma és que l'important de les fronteres és aprendre a viure dins dels seus límits. Els economistes liberals són com els guionistes de ciència ficció: novel·len el que no saben i fantasien un món a la mida de la seva imaginació. Els "límits del creixement" va ser un bon guió per a un cinema hiperrealista, que es portava a l’època, però l’espectador va preferir Hollywood.

El també anomenat «informe Meadows» -pel matrimoni científic de Massachusetts- va utilitzar un algoritme (sistema d’equacions) anomenat World3 pel modelatge de les principals variables mundials com la població, la producció industrial i d’aliments, l’estoc de recursos i la contaminació. Demostrava a través de simulació en diversos escenaris que en un planeta finit els creixements exponencials no són sostenibles, i condueixen al col·lapse. Avançava el que hem anat constatant al llarg d’aquests darrers 50 anys: que l’explotació de recursos no renovables com els combustibles fòssils té un límit, que la terra cultivable i fèrtil també és finita, i la capacitat metabòlica dels ecosistemes naturals per absorbir contaminants és insuficient quan l’acció antropogènica supera els llindars de la capacitat de càrrega d’aquests, deixant el que ara anomenem una petjada ecològica. 

Per més que World3 predeia el declivi dels recursos no renovables, el canvi climàtic i els seus efectes sobre la biodiversitat, sobre les poblacions humanes i les seves economies, aquests van ser ignorats. Quan el 1992 es publica una segona revisió pels mateixos autors, Dennis i Donella Meadows i Jorgen Randers titulada «Más allá de los límites del crecimiento»[v] (Beyond the límits), aquest constata i reafirma que la inacció humana per aturar les dinàmiques de creixement exponencial havien portat a una situació de sobrepassament (Overshoot). El nou informe insistia en tres grans conclusions: 1) Si no canvien les tendències de creixement actuals el món assolirà els límits de creixement durant el segle XXI i el resultat més probable serà una declinació sobtada i incontrolable de la població i la capacitat industrial. 2) És possible alterar les tendències de  creixement per establir un equilibri sostenible on tothom pugui desenvolupar-se amb igualtat d’oportunitats. I 3) Com més aviat iniciem els esforços per canviar la tendència més oportunitats hi haurà de reeixir. 

Els anys 90 van ser especialment prolífics en estudis de tota mena per avaluar l’estat dels ecosistemes naturals i les dinàmiques i impactes o externalitats del mon industrial, de la urbanització, de l’explotació dels recursos energètics, dels aqüífers i minerals, la sobreexplotació de les pesqueries, entre altres. N’és un bon testimoni els informes del Worldwatch Institute sobre el progrés cap a una societat sostenible, sota la direcció del professor Lester R. Brown, publicats en català pel Centre Unesco de Catalunya en l’anuari «L’Estat del Món» que mostraven com avançava l’impacte i la degradació ambiental arreu del planeta. Els límits del creixement van ser represos en diverses ocasions més: «Los limites del crecimiento: 30 años despues», i encara el 2011, el professor de química italià Ugo Bardi publica «Los limites del crecimiento retomados»[vi]. El més sorprenent és que pràcticament totes les revisions de World3 fetes a posteriori amb major capacitat de càlcul van confirmant, una rera altre, les prospectives originals. L’escenari Standard run, és a dir no fer res per canviar a llarg termini porta al professor Bardi, expert en dinàmica de sistemes i membre del Club de Roma, a creure que les tendències al col·lapse de World3 començarien a notar-se el 2030 amb una caiguda de població a raó de 500 milions cada 10 anys.

És evident, a ulls d’ara mateix, que el món està desplegant estratègies per frenar ja l’inevitable. Que l’informe del Club de Roma, que aviat complirà 50 anys, va obrir o va apuntar una solució: la transició cap a una societat sostenible. Justament el que ara  ens ocupa encara que segons la prospectiva de Els límits del creixement ja estem fent tard. 

  

Referències:

[i]       The limits to growth, 1972. WEB (pdf) http://www.donellameadows.org/wp-content/userfiles/Limits-to-Growth-digital-scan-version.pdf

[ii]      La Riqueza de las Naciones, Adam Smith; Alianza editorial, 2011.

[iii]     Una Verdad incómoda: la crisis planetária del calentamiento global y como afrontarla; Al Gore; Gedisa Editorial, 2007.

[iv]    La ley de la entropia y el proceso economico; Nicholas Georgescu-Roegen; Edit. Fundación Argentaria, 1996.

[v]     Más allá de los límites del crecimiento; Denis i Donella Meadows, Jorgen randers, EL PAÏS AGUILAR, 1992

[vi] Los límites del crecimiento retomados; Ugo Bardi, Catarata, 2011.


diumenge, 30 de maig de 2021

El repte social de les renovables

 



Salvador Clarós

Llorenç Planagumà


Tornen les manifestacions de protesta contra projectes d’eòlica i fotovoltaica a diversos indrets del territori. Una de les més sentides és contra la construcció del parc eòlic marí Tramuntana al golf de Roses. Un déjà-vu, el 12 de febrer de 2012, ara fa 9 anys, a l’Ametlla de Mar es va fer la primera protesta convocada a Catalunya per veïns, pescadors i empresaris de la zona contra un parc eòlic marí. Contra la plataforma d’assaig d’aerogeneradors flotants sobre aigües profundes (projecte Zèfir) promoguda per l’Institut de Recerca d’Energia de Catalunya IREC. Les empreses que optaven als assajos eren: Gamesa, avui integrada al grup alemany Siemens, Acciona Windpower, integrada ara a la companyia alemanya Nordex, i Alstom, l’antiga empresa catalana Ecotècnia que va ser absorbida per Alstom Wind, i comprada després al seu torn per la divisió de renovables de General Electric. Els manifestants contra l’instal·lació eòlica al·legaven  danys potencials als dos pilars econòmics del municipi: el turisme i la pesca. El projecte va fracassar entre la protesta ciutadana, la retirada de les primes a les renovables que va fer el govern del PP i l’absència d’inversió pública de la Generalitat que presidia Artur Mas. La recerca eòlica marina va marxar cap a la cornisa cantàbrica i altres zones del planeta. Les principals indústries autòctones, antany pioneres en renovables estan ara a mans de grups industrials o financers estrangers, y Catalunya és una de les regions d’Europa més endarrerides en el desplegament de renovables.   

La instal·lació de les renovables és un pas indispensable per aturar la degradació climàtica de la Terra i per guanyar sobirania energètica. És també una oportunitat per democratitzar l’energia com a bé comú. Però alhora, no ens enganyem, la infraestructura associada a les renovables té potencials impactes com la pèrdua de sòls agrícoles, afectació a la biodiversitat i al paisatge,... i cal cercar l’equilibri. Les fonts energètiques des de sempre han generat impactes en el territori, aquí o arreu del món, que cal minimitzar i no externalitzar cap a altres indrets o regions. La instal·lació de renovables no és innòcua, i menys a Catalunya que és un territori petit amb una alta biodiversitat, molt humanitzat i amb un paisatge divers, amb mil caràcters propis fruit de la geologia, el clima i l’humanització. No ens ha d’estranyar que davant de grans projectes d’infraestructures hi hagi gent que s’organitza per fer oposició, qui pensés el contrari pecava d’ingenuïtat. L’economia del carbó, les nuclears, el gas, la hidràulica i el petroli, amb les seves xemeneies fumejants, pantans, línies i torres d’alta tensió, carreteres, túnels i viaductes ja ha transformat el paisatge de Catalunya, sovint amb insatisfacció de molts i sense consultes. L’aprofitament de l’energia del vent i del Sol també transformarà els nostres paisatges. Ho ha de fer però amb garanties per la natura i amb acord social.   

La crisi ecològica i el canvi climàtic és el repte més gran que mai ha afrontat  la humanitat. Cal fer-ho des d’un abordatge sistèmic i visió de país de quin model econòmic i energètic volem, no pas a cops de timó rere protestes de conservació locals que incrementaran la desigualtat territorial de Catalunya. Ens cal gestionar un metabolisme social amb demandes d’energia, aigua, aire, alimentació.... La gestió energètica és especialment dramàtica a Catalunya per la forta dependència dels combustibles fòssils, sobretot en el sector del transport: les renovables representen a Catalunya tan sols el 5,4% de l’energia primària, amb una penetració en el sistema elèctric del 20%, molt per sota del 38% en el conjunt d’Espanya, que ens relega a la cua de les comunitats autònomes. Som una de les regions d’Europa que menys ha fet els deures per reduir dràsticament les emissions de gasos d’efecte hivernacle, com obliguen els acords internacionals pel clima i les regulacions europees i nacionals. Catalunya ha de fer un esforç en aquesta dècada augmentant l’eficiència energètica tant en el transport com en els sectors industrial, domèstic i de serveis, substituint les actuals fonts fòssils per renovables. Una transformació que malauradament porta 10 anys de retard i que ara dóna per pocs cops de timó, que cal entomar amb coratge polític, sense imposició autoritària, amb concertació en el territori, però amb determinació i urgència.  

La transformació estructural del model econòmic cap a una transició ecològica i digital, en el marc del Pacte Verd Europeu (Green New Deal) demana grans inversions per un canvi de model productiu cap a la circularitat, la transformació energètica del parc edificat, la digitalització de les pimes, una mobilitat sostenible sense emissions o l’agricultura i ramaderia ecològica com a suport de la indústria agroalimentària, a més del canvi de model energètic. Aquestes inversions, alimentades pels fons de recuperació Nex Generation, componen un pla per la reindustrialització i una font d’ocupació industrial per les properes dècades lligada a les noves infraestructures i serveis.  

Amb les renovables, Catalunya ha d’assolir a finals d’aquesta dècada una sobirania energètica que permeti clausurar amb garanties les centrals nuclears que a dia d’avui representen encara el 55% de la nostra producció d’energia elèctrica, per no dependre del gas provinent d’Argèlia i els seus equilibris geopolítics. També s’ha de proveir infraestructures d’evacuació, de magatzematge i altres vectors energètics, que donin seguretat i robustesa al sistema elèctric, única forma d’anar amortitzant també les tèrmiques de cicle combinat de gas. Tot per assolir cap el 2050 un sistema energètic lliure d’emissions. La gestió de l’energia que aporta el Sol, el vent o la resta de renovables com a bens comuns és la clau. La implantació d’aquest model energètic s’ha de fer amb clar lideratge públic promocionant comunitats d’energia, posant límits a les grans operadores energètiques i gestionant els bens comuns com són l’aire, el sòl i l’aigua en benefici de tota la comunitat.

El desplegament de les renovables a les comarques de Catalunya ha de permetre també canviar el model centralitzat per una xarxa distribuïda al llarg del territori, que reparteixi els impactes i també els beneficis, retornant valor i ocupació a les zones avui despoblades i amb poques oportunitats. Ara bé, per assolir aquests objectius no n’hi haurà prou amb l'aprofitament de sostres solars fotovoltaics sobre sòl industrial i amb un discret nombre de parcs eòlics. Caldrà implementar parcs eòlics terrestres, marins i horts solars procurant no afectar les funcions ecològiques essencials del medi natural, protegint el patrimoni cultural i els sòls de valor agrològic tal com apunta el decret d’emergència climàtica. El que és segur és que la producció d’energia renovable formarà part dels nostres paisatges perquè és la única alternativa possible per poder garantir un futur per les properes generacions i fer una Terra habitable. El risc de no fer la transició de manera urgent però també concertada cap a les renovables abocarà a Catalunya a una crisi energètica, democràtica i ecològica sense precedents. 

Els responsables dels grups polítics del Parlament de Catalunya han d’explicar clarament a la població, deixant-se d’oportunismes partidistes, que el repte és immens, que l’única via possible és prescindir dels combustibles fòssils abans de 2050 al ritme que fixa la Conferència pel Clima de les Nacions Unides i que es concreta a Europa en el Pla Nacional integrat d’Energia i Clima per a cada país. La responsabilitat governamental és gran: El Govern de Catalunya, cal que aprovi amb urgència la llei de transició energètica, que creï una Agència d’Energia de Catalunya a partir de l’actual Institut Català d’Energia ICAEN, dotada d’instruments de governança i concertació per liderar, planificar i executar el desplegament de les renovables en el conjunt del territori, d’acord al que  preveu la llei de Canvi Climàtic de Catalunya.

 

 

dissabte, 27 de març de 2021

Cerdà i la nova modernitat



S. Clarós

“comparando tiempos con tiempos, costumbres con costumbres y elementos con elementos, comprendí que la aplicación del vapor como fuerza motriz señalaba para la humanidad el término de una época y el principio de otra, y que al presente nos encontramos en un verdadero estado de transición”.

Ildefons Cerdà


La cita és del text que encapçala la Teoria General de la Urbanización, y aplicación de sus principios y doctrinas a la Reforma y Ensanche de Barcelona, publicat a Madrid fa 154 anys. El món en transició de Cerdà és com l’actual però  enlloc del vapor ara és la digitalització el que canvia l’escala i la mesura de totes les coses. En el nostre temps són la mobilitat (enlloc del “movimiento”) i la connectivitat (enlloc de la “comunicatividad”) els factors distintius de la nova civilització que, en paraules de l’enginyer, “vendrán a transformar radicalmente la manera de ser i de funcionar la humanidad, así en el orden industrial, como en el económico, tanto en el político, como en el social”. Qui no trobi coincidència entre la percepció de Cerdà i el nostre temps no podrà entendre per què Barcelona està mutant entre consentiments i dissentiments. Per què ara les institucions són qüestionades entre populismes, conspiracions i nostàlgies. Per què el país i Europa es debat entre l’esperança i la desesperança. Els efectes del canvi de paradigma tecnològic revolucionen el sentit comú social.

El poder de transformació del carbó mitjançant la indústria, la locomotora i l’electricitat, va fer veure a Cerdà l’estretor i la mesquinesa de les velles ciutats per concebre-les amb una altra dimensió i funcionalitat. Ara és algo més invisible com els bytes que circulen per les xarxes el que ha canviat de nou l’escala dels esdeveniments per descarbonitzar i desmaterialitzar-les. Mentre encara ens mesurem amb magnituds ferroviàries de l’ordre de 300 quilòmetres per hora, el nou límit de velocitat de les comunicacions ha canviat d’escala a 300 mil quilòmetres per segon a les vies de fibra òptica per on circula la nova mercaderia, que és el coneixement, a 1Gigabit per segon amb la tecnologia 5G.

Les distàncies han deixat de ser les muralles que limiten l’acció humana perquè en el nou paradigma aquesta ja no depèn de la velocitat del mitjà de transport (la mobilitat), sinó de la via d’accés al fi, que és la connectivitat. M’explicaré: en el món que deixem enrere, la facilitat i rapidesa en la mobilitat era cabdal per als negocis, i en canvi ara el que és cabdal és disposar de connexió a xarxa de banda ampla. Si disposar de vehicle propi facilitava les coses, ara el vehicle fa nosa perquè ocupa espai i contamina, i en canvi el que facilita és tenir un mòbil a ma amb connexió a Internet per contractar el servei de mobilitat més afí, o fer la gestió directament online evitant la presència. Està canviant la relació de les persones amb l’espai físic. Està canviant la geografia humana i també el paisatge a les ciutats del món.   

No només Barcelona està canviant el paisatge urbà, amb debat i controvèrsia sobre les zones de baixes emissions, l’urbanisme tàctic, les superilles... També  es van modificant els paisatges metropolitans i els rurals, no amb menys polèmica. La CUP i ERC acaben de signar un acord de futur govern per decretar una moratòria per a la construcció de parcs eòlics i instal·lacions fotovoltaiques a Catalunya. Entre els motius hi ha la preocupació per l’impacte en el paisatge. Cal fer dos consideracions. La primera és que el desplegament de la generació d’energia renovable no és una opció sinó una necessitat urgent i vital pel país, que ja acumula un gran endarreriment amb relació a la resta de CCAA i regions d’Europa, i pel planeta en compliment de les obligacions internacionals de lluita contra el canvi climàtic. S’observa una contradicció en aquells que advoquen per la salut climàtica i llueixen el “nuclear no gràcies” a la solapa alhora que aixequen pancartes contra les infraestructures que són l’alternativa única. A menys que advoquin per reduir també dràsticament el seu propi consum d’energia, que no sembla el cas. Parlo de persones, grups polítics i de territoris. La Costa Brava que no té ni un sol parc eòlic viu gràcies a l’energia que es fabrica a les terres de Tarragona. Ho dic perquè hi ha una plataforma, amb suport d’alcaldes i alcaldesses que s’oposa a un projecte de eòlica marina a 15 Km mar endins del golf de Roses.

La segona consideració és més conceptual. El paisatge és una construcció humana. És la percepció subjectiva dels valors que conté un territori que va des dels valors naturals, les empremtes de l’activitat econòmica i productiva, i també allò simbòlic, intangible, que identifica un col·lectiu humà amb un entorn concret. Com que els humans no hem deixat mai de modificar els paisatges perquè nosaltres mateixos en formem part, igual que la resta d’espècies i d’arquitectures ja siguin geològiques o antropogèniques, hem de convenir que no hi ha millors o pitjors paisatges sinó paisatges antics i paisatges nous. Hem d’entendre que no es pot justificar qualsevol intervenció. El discerniment s’ha de fer amb criteri i coneixement, i amb el consens necessari. I per fer consens s’ha de fer política, no pactes de blindatge com l’acord entre ERC i la CUP, que sonen a imposició d’un recurrent esperit nostàlgic de la Catalunya que en moments històrics, transcendents, de transició com l’actual, de canvi d’escala i de valors, s’aferra al romanticisme i l’identitarisme, i es parapeta en una visió tradicionalista que bloqueja el progrés enlloc d’encarar els reptes veritables.


El més llegit