diumenge, 26 de juny de 2022

Ecos de la historia






S. Clarós


Este articulo reflexiona acerca de las coyunturas que dificultan hoy el despegue de la economía digital hacia una nueva época de progreso y bienestar.

 

La geoestrategia mundial, como trasfondo en la cumbre de la OTAN que se celebra en Madrid con débiles resonancias del mítico “OTAN NO”, es la última entrega de una serie de acaecimientos que, desde el colapso económico de 2008, la posterior crisis social con turbulencia populista agravada por la Covid, la guerra de Ucrania y ahora la tensión por las fuentes energéticas, recuerdan sino replican episodios ocurridos en el anterior ciclo tecnoeconomico: en 1929 el hundimiento de la bolsa desató una década entera marcada por el populismo y el fascismo, desembocando en una guerra mundial, a la que le siguió el boom industrial de los años 50 y 60 tras un gran pacto social en Europa y un plan de reconstrucción, el European Recovery Plan, más conocido como Plan Marshall. Con la vista puesta en el Green New Deal, y sumando analogías con el ciclo anterior, ahora también “recuperación” es la palabra mágica. La historia devuelve ecos del pasado con incierta regularidad cómo episodios recurrentes que sugieren la existencia de patrones o secuencias de acontecimientos con características similares.

Lo que asemeja los tiempos históricos es la lógica en la que discurren, o sea, mecánicas sociales, económicas y de otra índole que en circunstancias diversas y cambiantes desencadenan respuestas iterativas. La más simple de esas recurrencias seria la del movimiento pendular: una lógica binaria impulsada por el principio de acción y reacción que se sucede en alternancia y regularidad. Hay otras más complejas cómo los ciclos recurrentes del capitalismo. Descifrar esas lógicas cobra interés en el momento presente, cuando el futuro amenaza convertirse en derrotero intransitable, y toda orientación parece poca.  

Explorando la historia

Las revoluciones industriales vienen marcando la cadencia y sucesión de acontecimientos desde el siglo dieciocho. El economista ruso Nikolái Kondrátiev (1892-1938) fue el primero en advertir coincidencia entre períodos de revolución industrial y ciclos pendulares de expansión y encogimiento de la economía, que llamó ondas largas. El también economista Joseph Schumpeter (1883-1950) profundizó en el estudio de las fluctuaciones económicas, estableciendo una relación de causa efecto entre las revoluciones tecnológicas y los ciclos u ondas largas. La escuela evolutiva de Schumpeter argumenta que la economía está en un permanente equilibrio dinámico, nunca definitivo, siempre en evolución, que oscila por los efectos de la innovación científico-técnica y las interacciones entre los agentes sociales, económicos, políticos… 

La economista neo-schupeteriana Carlota Pérez (Caracas, 1939) sostiene que el progreso en las economías industriales capitalistas se ajusta a un patrón de cambios pendular que oscila entre un crecimiento turbulento, promovido por el capital financiero, y un crecimiento sosegado, liderado por el capital productivo. Entre los dos periodos, en el punto medio, un episodio de crisis y recesión. Es la gravedad de ese periodo de crisis la que induce cambios relevantes en la forma de actuar de los agentes implicados, que acaban reconduciendo una economía hiper-financiarizada o de casino, con grandes burbujas especulativas, hacia la economía productiva, imprescindible para el despliegue del nuevo paradigma tecnológico con creación de empleo y un periodo dorado de bienestar. Venimos esperando ese despegue que no acaba de llegar.

De ser cierto que existen patrones recurrentes, podría deducirse que la historia tiene estructura, o que predetermina lo que va a acontecer. No es exactamente así, pero lo que acontece responde a la interacción de unos actores que se encuentran inmersos en procesos de cambio inducidos asimismo por dinámicas, más o menos complejas que son el resultado de la irrupción periódica de innovaciones científico-técnicas y del comportamiento del capital financiero en las lógicas del capitalismo industrial global. El actual encadenamiento de crisis: económica, social, política, sanitaria, energética, ambiental…que parece no tener fin, es ese momento de inflexión entre el pasado de las turbulentas aguas neoliberales con un caótico pinchazo de burbujas especulativas, y el prometido periodo de recuperación del Green New Deal con el “maná” de los fondos Next Generation-EU. ¿Podemos esperar ese eco de la historia a modo de pronóstico en la actual revolución digital?

Mirando hacia delante

Observando el desarrollo sociopolítico en el entorno de la Catalunya, la España y la Europa de la segunda década del nuevo siglo, quedaría justificado algún escepticismo acerca de una rápida recuperación. Lo acontecido ante la crisis del sistema que, con las burbujas financiera e hipotecaria había empobrecido las clases medias, incrementado el paro y desahuciado a discreción a miles de familias, acabó armando un conjunto de respuestas de castigo en las urnas a políticos y partidos condescendientes con la corrupción, cómplices del empobrecimiento y el aumento de la desigualdad. El desafecto a las instituciones fruto de la indignación que plasmó el 15M (de 2011), recompuso el mosaico político con desaparición de algunos partidos y aparición de otros nuevos, al mismo tiempo que fue pasto de las llamas de un populismo creciente con tintes nacionalistas y etnofóbicos. Nada nuevo que no haya ocurrido ya antes en tiempos de convulsión y cambio de paradigma social o de sentido común, cuando el miedo hace desaparecer la relación ética con los demás. Según Bauman, el fantasma que recorre ahora Europa es el fantasma de la ausencia de alternativas.

Las generaciones actuales nunca vimos tantas crisis encadenadas en tan poco tiempo. Primero fue económica y financiera, luego fue una crisis institucional sin parangón que cambió el mapa político por el hartazgo ante la corrupción generalizada, la llamada España vaciada, y el aumento de las tensiones soberanistas como la que dio lugar al Procés per l’independència de Catalunya.  Luego la pandemia, una crisis insólita, inesperada, que paralizó la industria y las cadenas globales de suministro. Por si fuera poco, una guerra en Europa que de rebote cambió la dirección de los flujos energéticos mundiales, anticipando el riesgo de colapso ante la falta de recursos minerales, que ha disparado el fantasma de la inflación. Todo ello está retardando la esperada edad dorada que, a semejanza de los años del boom industrial de mediados del siglo veinte, vislumbre tiempos de crecimiento y bienestar, reconoce Carlota Pérez en su reciente artículo Una edad de oro largamente retrasada: ¿o por qué ha durado tanto el “periodo de instalación” de las TIC. El mundo se está asentando porqué la revolución digital lo está cambiando todo. De ahí los temblores en la geoestrategia que remueve las aguas estancadas de la OTAN. De ahí el tenso compás de espera en cada convocatoria electoral con el alma en vilo en España a ver si resiste el gobierno de Sánchez, crece la extrema derecha de VOX o el populismo se apodera también de los llamados nacionalismos periféricos.    

Pérez cita diversos factores de contexto que singularizan, a diferencia de las anteriores, la actual revolución digital. Factores cómo la entrada de la China en la economía mundial que con su bajo coste de mano de obra habría alargado la vida del modelo fordista de producción en masa. Y también la dificultad de incorporar talento nativo digital en los lugares de decisión y poder empresarial, el cual se acaba concentrando en juegos, criptomonedas o el metaverso en lugar de resolver los problemas reales del medioambiente, los materiales, la salud, etc. No obstante, a mi modo de ver, hay otro factor sobrevenido que es el fin del crecimiento material de la economía. Un límite, que nunca antes había condicionado el crecimiento. La contención material i energética a la que se va a ver abocado el capitalismo industrial es un reto con el que nunca antes se enfrentó el sistema, y que a mi modo de ver lo desarma. Ya estamos viendo cómo el capitalismo digital en los países núcleo se ceba en las plusvalías de los trabajadores de los servicios: riders, camareras de piso, cuidadoras, trabajadores de plataforma y de la restauración y el turismo… en lugar de los trabajadores manufactureros. El ciclo digital está cambiando algunas reglas a las que se enfrentan ahora sindicatos y gobiernos para regular el vasto campo donde ya está dando batalla la inteligencia artificial y las plataformas digitales. Sólo un liderazgo público fuerte, fruto de un gran acuerdo o contrato social entre ciudadanos, sindicatos, partidos políticos, empresas y financieros, podrá fijar nuevas reglas de juego que permitan el despegue definitivo del paradigma de la digitalización.

La historia se proyecta siempre hacia el futuro con ondas que resuenan en momentos de crisis. Existe una lógica cíclica que a modo de motor impulsa el progreso, siempre sobre la base de la innovación, pero en las democracias también sobre la base del acuerdo fruto del equilibrio resultante de fuerzas sociales en tensión. Son ahora las organizaciones sociales con los sindicatos al frente  quienes deben dar batalla para imponer la fuerza del bien común ante las infinitas fuerzas centrífugas y los avatares de unos tiempos que auguran crisis, pero también proyectan más que nunca la capacidad tecnológica y la inteligencia social para construir el mañana.

dilluns, 6 de juny de 2022

Paradoxisme antròpic

 



(5 de juny, dia mundial del medi ambient)


S. Clarós

Avui el gasoil està per sobre dels 2 euros el litre. Omplir el dipòsit del cotxe és 35 euros més car que fa un any, i el sobrecost per a un vaixell de pesca d’arrossegament és de 3.000 euros, pel cap baix. Pocs imaginen l’energia necessària per arrossegar i pujar a bord les xarxes curulles de peix, una part del qual s’haurà de tornar al mar perquè les arts d’arrossegament difícilment discriminen espècies amb valor de mercat d’altres que no en tenen. Malaguanyat esforç que empobreix l’ecosistema marí. Es pesca així perquè hi ha gasoil a baix preu que amb la seva energia ingent mobilitza una flota que proveeix els mercats centrals per satisfer la demanda a les llotges, restaurants i peixateries d’arreu de la geografia. Sense l’extraordinària energia del gasoil, encara sort que el de navegació és més barat perquè té menys impostos, no hi hauria pesca d’arrossegament ni peix a la nostra dieta diària. La pressió que exercim sobre els ecosistemes, i els nostres hàbits alimentaris tenen a veure amb la font energètica. Aquesta és la dimensió del problema!

Clausuren els gasoductes russos. Els pous de petroli Brent que serveix per produir gasoil comencen a estar eixuts. La demanda mundial d’energia no para de créixer mentre la tona de CO2 cotitza a l’alça. El govern baixa impostos a l’electricitat per evitar que el malestar al carrer es transformi en violència. Com diu Mariana Mazzucato, «los gobiernos estan haciendo apaños, no liderando» El govern intervé el mercat de l’electricitat, amb permís de la UE, i descompta 20 cèntims per litre als carburants perquè els ciutadans puguin continuar menjant peix fresc. Aquesta és la paradoxa!

Si ho poguéssim percebre, les nostres ciutats fan olor de gasoil com les de fa cent anys feien olor de carbó i les de fa dos-cents anys olor a llenya. Ara el gasoil ho és tot: determina la nostra alimentació, l’estil de vida, els hàbits d’oci, els paisatges. El mosaic agroforestal que ens hem acostumat a veure és fill del gasoil, per estrany que pugui semblar, és a dir és la imatge d’una economia que amb el poder energètic del petroli proveeix adobs sintètics i plaguicides, llaura i recol·lecta amb ma d’obra mecànica, conrea farratge per una cabana ramadera estabulada invisible als nostres ulls. Uns paisatges de pessebre que, lluny de ser una expressió coherent plena de significats, preservem per als turistes com decorat de vacances. Uns paisatges de postal que són deutors d’una economia que importa de l’estranger la major part de matèries primeres, diferint així els impactes ambientals als paratges de països tercers. Aquesta és una altra paradoxa que ni reconeixem perquè tenim aquests paisatges tan integrats que conformen el marc d’interpretació que condiciona tota resposta. Inclús, fa que ni ens plantegem que sense el gasoil, si volem menjar peix fresc, tenir vehicles elèctrics o viatjar lowcost, caldran unes quantes hectàrees, moltes, de fotovoltaica i alguns parcs eòlics marins. 

Però la gran paradoxa és confrontar el planeta i els seus paisatges, la biodiversitat i els ecosistemes, tot alhora, amb el nostre estil de vida. Canviar de font energètica és canviar d’hàbits i pautes de comportament, transformar el sistema econòmic. Canviar-ho tot! Aquest paradoxisme antròpic -m’ha inspirat el títol un article de Jesús Rey Rocha i Emillio Muñoz Ruiz Paradojas antrópicas y la desordenada vida en el planeta-  és explicatiu de les contradiccions pròpies i alienes. Busquem coherència enmig de les contradiccions. Perdem el temps amb les identitats i les coherències enlloc d’ocupar-nos amb afany dels propis desacords, diu Saramago a La Caverna. No esperem dels nostres discursos un sentit comú sinó només l’expressió de queixa de les criatures consentides. Som, en el nostre paradoxisme, un símptoma de la degradació social, com denúncia el Papa Francesc en la Laudato sí, que ens priva de prendre dolorosa consciència, d’atrevir-nos a convertir en sofriment personal allò que li passa al Món, com si haguéssim perdut la noció de bé comú. Ja fa temps que els éssers humans ens vam convertir en gestors del planeta, és per això que recau en tots i cada un de nosaltres la responsabilitat que no parem de defugir.


diumenge, 22 de maig de 2022

Catalunya: recuperació o reconversió industrial!

 


S. Clarós

El context mundial de la crisi climàtica i ambiental, oracle premonitori de les amenaces de deteriorament econòmic i de les possibles condicions de vida en el planeta, augura un futur no gens fàcil per a la indústria catalana en el mig i llarg termini. Cada cop és més plausible el risc de col·lapse per a les economies més dependents de recursos no renovables i menys desacoblades del model industrial de producció i consum en massa. L’alta probabilitat de desproveïment de gas a Europa ja ha activat alarmes al continent. Els fluxos materials i energètics que irriguen aquestes economies estan en revisió perquè minerals crítics com el petroli, tel·luri, gal·li, fòsfor o urani, entre molts altres, estan al zenit de l’extracció, és a dir que la demanda creix per sobre de la producció atesa la seva escassedat o bé per la minvant rendibilitat de jaciments molt explotats. La geopolítica global, que té molt a veure amb la procedència de les matèries primeres i el seu comerç, es troba ara al divan de la història amb símptomes de paranoia. Ucraïna, la pandèmia, les cadenes de subministrament global... Mentre els fluxos energètics i materials contornegen el nou mapamundi geoestratègic d’aquest segle, el mercat reacciona amb encariment del petroli i el gas, disparant la inflació. 

A Catalunya hi ha fàbriques des de la segona meitat del dinou. Tot i no tenir grans conques carboníferes, les xemeneies fumejants acreditaven l’èpica del vapor i la mecanització a la Barcelona del milnoucents, un gran empori industrial al sud d’Europa. Avui Catalunya continua sent un país industrial, més diversificat i equiparable a la mitjana de la zona euro, amb un VAB industrial que ronda el 20%, i una exportació que representa el 25% de l’exportació de l’Estat, que creix ja per sobre dels 80.000 milions d’euros l’any 2021. No obstant, hem incrementat la dependència exterior pel que fa als recursos que demanda la indústria. Els economistes que solen comptar només amb euros o dollars el que es mou dins el sistema no sabran  anticipar el que pot venir a no trigar, com tampoc van anticipar les crisis actuals. Si enlloc del valor dels béns manufacturats mirem el compte de fluxos de materials (CFM) constatarem que la dependència de matèries primeres industrials i energètiques que té l’economia catalana és la seva principal vulnerabilitat en els escenaris de la transició que enfrontem. Materials i energia, junt amb una dependència també tecnològica ens resten sobirania industrial abocant el país a una crisi en l’horitzó de 2030 si no s’aborda una transformació estructural aprofitant els fons europeus de recuperació.

L’economia catalana importa de l’estranger i de la resta de l’Estat gairebé dos vegades i mitja més recursos que els que extreu (extracció domèstica). Amb un elevat Input Directe de materials IDM (suma de les importacions més l’extracció domèstica) de més de 131 milions de tones/any (Idescat 2019), l’economia catalana és molt deficitària en recursos naturals. No obstant, Catalunya té una indústria exportadora.

 

Gran dependència energètica i de matèries primeres

La principal matèria primera que importem són combustibles fòssils (15,1 milions de tones) en forma de petroli cru i gas natural, el que converteix la refineria de Repsol del Camp de Tarragona, la planta regasificadora del port de Barcelona i el gasoducte procedent d’Algèria en les infraestructures més estratègiques del país. L'energia importada subministra el 93,4% del consum anual d’energia primària a Catalunya, amb un cost de 5.830 milions d’euros. El 46% és petroli, i només el 5,4% d’aquesta energia és renovable produïda en el territori. El 45% de tota l’energia final va al transport. La indústria representa el 25,5%. Els sectors domèstic i serveis, el 14,7% i el 13,1% respectivament. I el sector primari només l’1,6%. D’aquesta energia final, el 46,3% són hidrocarburs líquids destinats a la combustió, dels quals el 29,8% és gasoil emprat principalment en el transport de mercaderies, en calefacció i maquinària. Només el 25,1% de l’energia final és electricitat.

En segon lloc d’importància pel seu volum importem matèries primeres biòtiques (14,6 milions de tones) destinades principalment a alimentació. En molta menor mesura, pel que fa a volum, però no menys important, importem minerals metàl·lics (158.572 tones). Per altra banda, la principal extracció domèstica són minerals no metàl·lics (30,8 milions de tones) consistent en sorra, guix, pedres i altres materials destinats a la indústria de la construcció, i també minerals per a la fabricació de fertilitzants. A Catalunya s’extrauen també matèries primeres biòtiques (7,8 milions de tones), de les quals 3,4 milions són conreus, i 3,2 milions conreus farratgers. 

Ara bé, a més de les matèries primeres per a la indústria, el principal flux d’entrada de materials a l’economia catalana són els productes manufacturats i semimanufacturats que sumen 57,5 milions de tones/any. I les sortides (exportacions de manufacturats, semimanufacturats i altres) sumen més de 65 milions de tones. En resum, i per no cansar amb més dades, Catalunya té una indústria transformadora que és molt deficitària en energia, matèries primeres, i productes i béns tecnològics. En un escenari d’encariment dels inputs energètics i materials essencials per a la indústria, però també de productes alimentaris, i d’inestabilitat de les cadenes de subministrament, per exemple de microxips, l’economia catalana presenta una elevada vulnerabilitat que pot traduir-se en una important pèrdua de competitivitat.  

La pèrdua de competitivitat de la indústria no ha fet més que començar en alguns sectors més exposats que no han reaccionat a temps davant les actuals crisis, algunes anunciades amb molta antelació com la crisi climàtica o el Pic del petroli. Altres inesperades com la pandèmia de la COVID-19 o la guerra d’Ucraïna. Les contramesures governamentals per frenar l’escalada de preus reduint impostos o intervenint en els mercats majoristes de l’energia, amén de corregir abusos dels oligopolis energètics i altres càrtels perpetrats en les dècades neoliberals, tenen molt poc recorregut com es veurà ben aviat perquè el problema no és de preus sinó de subministrament de materials. No parlem d’euros sinó de tones o de quilowatts hora.

 

Alternatives per guanyar sobirania energètica i industrial

En l’expectativa de possibles escenaris futurs de desabastiment, Catalunya s’ha de dotar d’una política industrial a mig i llarg termini que transformi estructuralment el sistema productiu per guanyar sobirania industrial, tecnològica i energètica, així com incrementar l’autosuficiència alimentaria i dels recursos per a una major resiliència davant dels avatars del canvi climàtic, de la limitació de les emissions i contaminants, i de les cadenes de subministrament global. 

Per combatre la crisi energètica que afecta directament la rendibilitat d’alguns processos industrials electrointensius, i afecta també el transport, i altres processos tèrmics com les cimenteres, cal desplegar amb rapidesa l’aprofitament dels recursos de vent, sol i biomassa del territori. Electrificar el transport i millorar l’eficiència dels processos industrials, també els que requereixen energia tèrmica.  

Cal desplegar el més aviat possible un programa per l'aprofitament dels recursos biomasics dels boscos de Catalunya que  constitueixen en dimensió, junt amb l’energia renovable del sol, el principal recurs autòcton que disposa el país. Substituir els recursos minerals no renovables sempre que sigui possible. Catalunya  és una de les regions més verdes d’Europa. Disposa d’unes masses forestals que ocupen més del 60% del territori (41% del territori són boscos) que estan en expansió en els darrers decennis per l’abandonament de conreus i pastures. La producció de biomassa dels boscos catalans és aproximadament de 2 milions de metres cúbics anuals, el que permetria fer-ne una valorització material i energètica a escala industrial, fet que ajudaria a l’hora a minimitzar el risc d’incendis i millorar el mosaic agroforestal.

 

Les estratègies de descarbonització i reducció de la petjada ecològica incentivades pel Pacte Verd Europeu apunten a una transformació industrial que depengui cada cop menys dels recursos no renovables, i desenvolupi una bioindústria transformadora de la biomassa en matèries primeres i combustibles verds, a més de l’aprofitament de la fusta per materials de construcció. 

 

La principal porta d’entrada dels fluxos materials i energètics de Catalunya, que és el port i el polígon petroquímic de Tarragona, s’ha de transformar en els propers anys en biorrefineria de recursos agroforestals i en ecoplantes de química molecular per la transformació dels residus sòlids urbans en metanol per a la producció de matèries primeres. La química ha de substituir els hidrocarburs en la elaboració de polímers, amoníac per a la fabricació d’adobs. Produir hidrogen verd i biocombustibles per a la indústria i l’aviació. La bioindústria amb les ecoplantes s’ha d’estendre pel territori, també a l’àrea metropolitana en substitució de les incineradores que és a on ara mateix es valoritzen un milió i mig de tones d’escombraries que es generen anualment a Catalunya amb les seves corresponents emissions de CO2. Així mateix, cal instal·lar reactors de biogàs per transformar les dejeccions de la sobredimensionada cabana estabulada a Catalunya en biometà per a l’aprofitament tèrmic o altres usos industrials. 

 

Sense ànim d’exhaustivitat, el que aquí s’apunta, són algunes directrius per una transformació estructural de la indústria catalana que permeti transitar cap a una economia sostinguda per matèries renovables i autòctones, reduint les importacions. La digitalització pot ajudar per exemple a substituir les tecnologies d’adobs artificials i fitosanitaris d’ús agrícola per la gestió dels conreus amb dades massives, sensòrica, algoritmes, el que es coneix com agricultura de precisió o agricultura 4.0. Només amb tecnologia digital i tecnologies per a la irrigació es podrà fer front a la disminució de precipitació que afecta a les regions mediterrànies, per reduir el risc de plagues i evitar que caigui la productivitat del camp. 


Necessitem un Pla Industrial per transformar estructuralment l'economia, amb la vista posada en el mig i llarg termini, amb consens dels agents socials i econòmics. Un Pla de País, amb un nou contracte social que situï Catalunya en el que serà sens dubte la gran revolució industrial d’aquest segle. La revolució ecològica i digital, de la que Catalunya no en pot quedar al marge. 


diumenge, 3 d’abril de 2022

Per què no un pla industrial estratègic de l’Eix Besòs?

 



S. Clarós

La UPC projecta ara un centre de fabricació digital a l’antiga fàbrica CACI de Badalona. La ubicació és un edifici industrial de pisos catalogat, que va ser rehabilitat el 2010 per acollir El Museu del Còmic i la Il·lustració de Catalunya, però que no es va dur a terme. És un gran edifici de més de 4.000 metres quadrats, d’estil racionalista amb estructura de formigó armat i façana d’obra vista, que data de 1899 concebut pel mestre d’obres, que va ser alcalde de Badalona (1875-1876), Jaume Botey i Garriga. Tot i la inversió inicial feta per l’ajuntament amb el Fons Estatal per a l’Ocupació i la Sostenibilitat Local (FEOSL), la Generalitat va incomplir la seva part del compromís inversor malgrat la trompeteria a la que ens tenen habituats les presentacions institucionals en aquest país. El Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació de la Generalitat, havia anunciat el gener de 2010 en la persona del Conseller Joan Manuel Tresserras que “s'espera que el nou museu es converteixi en un referent internacional”[i]. La desdita de la Generalitat recorda molt aquell altre projecte de museu de “La Casa de les Llengües” que prometia la rehabilitació del conjunt patrimonial de Can Ricart, i que va quedar en el no res.

Fracassat el projecte de museu del còmic, es va presentar una segona proposta de perfil més baix, amb l’apadrinament de la Biblioteca Nacional de Catalunya, la Direcció General de Patrimoni de la Generalitat i l’Ajuntament de Badalona, que tampoc arribaria a bon port. S’esvaïen els somnis de grandesa que pretenen ser “referent internacional” abans de ser alguna cosa a la casa pròpia. Una darrera oportunitat per la CACI va arribar el 2020 de l’Institut d’Energia de Catalunya IREC, que depèn de la Generalitat, qui es va postular per ocupar la fàbrica, en desús des de feia una dècada, amb la proposta d’un pol de desenvolupament tecnològic que generaria sinèrgies amb el veí PDU de les Tres Xemeneies de Sant Adrià. La vella tèrmica de les tres xemeneies, avui també catalogada, representa icònicament el passat, present i futur de l’energia a l’entorn metropolità de Barcelona. L’IREC està cridat a créixer en activitat per jugar un paper important en les tecnologies renovables. I la urgència del país avui, sense desmerèixer res, està més en la transició energètica que en mostrar el llegat cultural del còmic català.

Com diu Ferran Falcó, president de Restarting Badalona[ii], la ciutat necessita renovar i modernitzar els seus polígons industrials per generar més i millors llocs de treball. I què millor que recuperar antics espais industrials per competir i oferir oportunitats a la formació, la innovació i la recerca. El polèmic PDU de les tres xemeneies, que engloba els polígons de Badalona Sud i del Sot, a Sant Adrià, fa temps que genera malestar entre la ciutadania pel risc d’especulació pel que estem ja acostumats en una peça al front de mar tant golosa des de l’òptica de la promoció urbanística. D’això se n’ha atipat d’avisar la Plataforma per la Conservació de les tres xemeneies[iii]. I sobretot pel risc de pèrdua dels espais productius al llarg de l’Eix Besòs on la temptació dels ajuntaments a sucumbir a interessos privats és alta, i ha anat fragmentant els polígons de Barcelona: primer va ser La Maquinista convertida en centre comercial, després l’antiga fàbrica Mercedes, i darrerament la peça que construeix Amazon a tocar de Via Trajana. Per quan una estratègia global sobre tot l’Eix Besòs, que planifiqui el futur de les àrees industrials amb un pla de reindustrialització adaptat al cicle de l’economia digital? Per què les administracions no projecten, totes elles juntes, estratègies per constituir un ecosistema d’innovació de la ciutat sostenible i digital a l’eix del Besòs per impulsar una economia circular entorn de les infraestructures relacionades amb els metabolismes urbans del barcelonès: les tèrmiques, les de cicle combinat i les renovables del Fòrum, els tractaments de residus de l’ecoparc i la valorització energètica a la Tersa i a la cimentera de Montcada, la EDAR del Besòs i la xarxa de climatització de Dstriclima? Sense entendre la relació que hi ha entre aquestes infraestructures, el Campus del Besòs de la UPC, l’IREC, els polígons industrials i els nous espais de les tres xemeneies i de la CACI, no s’estarà abordant la reformulació sostenible dels fluxos de matèria i energia en la lògica de la transformació cap a una economia circular. Sense una mirada sobre el conjunt és impossible crear sinergies i dinàmiques tractores amb efecte d’ecosistema.

Fa algunes setmanes la Generalitat ha entrat a formar part del Consorci del Besòs per impulsar el PDU de les tres xemeneies amb la idea d’impulsar un pol de la indústria audiovisual catalana. La Generalitat vol un “netflix català”, i compta amb que arribin fons next generatión a tal efecte, i ho fa d’esquena a una visió global integradora del territori. De portar-se a terme, es veurà probablement abocat al fracàs com sempre que es projecte en petit, ja sigui a les tres xemeneies o a la fàbrica CACI de Badalona on la iniciativa de l’IREC ha quedat novament en res perquè ara és la fundació CIM-UPC qui proposa ocupar la CACI per convertir-se en “centre de referència internacional en manufactura avançada”. Novament sembla que s’està venent la pell de l’os abans de caçar-lo. Ni aquest projecte, ni el pol audiovisual que obsessivament el Govern vol situar a les tres xemeneies quan la massa crítica audiovisual del país decanta més aviat cap al Llobregat entorn de TV3, i que a més no compta ni amb un sol euro de pressupost que no sigui el manà dels fons europeus de recuperació, tindrà sentit sense una planificació estratègica global que reuneixi totes les peces productives de l’Eix Besòs, i què compti, a més, amb la participació de tots els agents, ciutadans, socials i econòmics implicats.  

  



[i] https://www.ccma.cat/324/llum-verda-a-la-creacio-a-badalona-del-museu-del-comic-i-la-illustracio-de-catalunya/noticia/484045/

[ii] https://liniaxarxa.cat/linianord-barcelonesnord/opinio/lhora-de-la-caci/

[iii] https://3xemeneies.wordpress.com/


divendres, 25 de març de 2022

L’energia dibuixa els mapes del món.




S. Clarós 

La globalització, que és un mesurador planetari del creixement i la complexitat, ha canviat l’escala i la forma del món conegut. Les lleis de la ciència econòmica clàssica van deixar d’explicar fa temps el món global i complex de la mateixa manera que les lleis newtonianes de la física clàssica no expliquen tampoc l’univers quàntic, tan necessari ara per la fabricació de microxips. El tauler de joc de la vida quotidiana ja no és el mercat sinó l’ecosistema. Els preus de les coses no rebel·len el seu valor sinó només la seva abundància o escassesa: ningú imaginava el que es podia arribar a pagar per una mascareta o per un KWh elèctric o de gas. Ens movem en un món desconegut, proveïts d’una cartografia muda, sense relleu, sense color. El mapamundi, que és google maps, no mostra ni persones ni temperatures, només els detalls quan t’hi aproximes, però no conté senyals que informin tendències. Mentre ens guiem amb precisió a la darrera milla, som cecs a les rutes transitables per encarar el destí. Sense anticipació, la humanitat queda exposada al col·lapse.       

El creixement de la població mundial, l’augment de la temperatura mitjana del planeta, la reducció de la capa freàtica, la disminució del terreny de conreu per càpita, la davallada de les pesqueries, la recessió dels boscos, la pèrdua d’espècies animals i vegetals, l’esgotament dels recursos energètics fòssils, són tendències de la nostra civilització que determinen condicions de vida. Si volem continuar habitant el planeta, ens cal parar més atenció als estocs de recursos naturals, als fluxos materials i energètics i les lleis que els regulen, i als límits termodinàmics, que no pas als balanços de pèrdues i guanys que guien els mercats. Ha arribat el moment de substituir economia per ecologia.

El gasoil i el gas desestabilitzen el clima i l’economia industrial

La intensitat energètica de les economies industrials, i en menor mesura l’augment de la població mundial, pressionen sobre la resta de variables. La gran quantitat d’energia emprada per produir una unitat monetària de PIB (KWh/€PIB) és la causa de l’escalfament global. Sense gasoil i electricitat no seria possible bombar aigua subterrània a ritmes que superen la capacitat natural de recàrrega dels aqüífers de la Terra. El model agroalimentari que sosté la dieta dels països rics no seria possible sense l’energia del petroli necessària per fabricar els adobs, per irrigar els cultius (calen 1.000 tones d’aigua per produir una tona de cereal) per l’estabulació, el transport i la comercialització d’una desaforada cabana ramadera. Aquest model alimentari està pressionant també les masses forestals verges, on la destrucció dels hàbitats i la seva alteració per l’augment de les temperatures i el canvi climàtic és la causa principal de la pèrdua de biodiversitat. Les captures estan al límit o més enllà del límit a la majoria de mars i oceans. La causa de la sobreexplotació dels caladors marins és la indústria conservera que, a demanda dels mercats centrals, proveeix a grans concentracions urbanes. La concentració de població en els nuclis urbans no para de créixer. El consum d’aigua, energia, materials per a la construcció i aliments que es transporten des de territoris llunyans és com un gran transvasament només possible amb gasoil suficient i a un preu relativament baix. La viabilitat del sistema econòmic depèn dramàticament del preu del gasoil i del gas natural.

La guerra d’Ucraïna ha desestabilitzat mercats que ja abans estaven molt tensats pel declivi dels jaciments, i per la desinversió en exploració petrolífera, accelerant una crisi que s’entreveia fa temps. El resultat és que Europa és molt vulnerable des del punt de vista de l’energia. Espanya i Catalunya no ho són menys. La manca d’anticipació ens porta a la situació actual: la flota pesquera amarrada a port pel preu del gasoil, el malestar dels camioners provocant l’aturada de la producció d’escorxadors, de  centrals lleteres i altres productes peribles, a més de cimenteres, foneries, ceràmica, algunes químiques i grans consumidors d’energia i acer. El malestar dels «armilles grogues» ja va avisar a França el 2018 amb esclat de violència als carrers de París. L’avís és de fa temps però el món continua funcionant amb gasoil. 

Els mapes d’aquest segle

El geògraf Josep Vicent Boira, valedor del corredor mediterrani, parla d’una tercera integració d’Espanya a la UE per vèncer el tradicional aïllament. Després de la primera integració política i institucional, i una segona econòmica i monetària, toca ara la integració material que esborri definitivament no la ancestral frontera imaginària dels Pirineus sinó la física que fa de la península una illa energètica i ferroviària. Espanya i Portugal estarien en condicions de constituir la gran plataforma de renovació del projecte europeista des d’un rearmament en infraestructures de gas, electricitat, alimentació, producció industrial i logística, diu el geògraf valencià.

En l’equació de les renovables, energia és igual a sol al quadrat, és a dir, hores de sol multiplicat per superfície (sòl). Espanya és el país d’Europa que més compleix amb el doble requisit. L’anomenat corredor mediterrani serà la ruta que transportarà hidrogen verd produït a la península i a les immenses praderies fotovoltaiques del nord d’Àfrica fins al cor d’aquesta Europa ara asfixiada sense el gas rus. Els gasoductes que avui serveixen per transportar gas natural des dels jaciments d’Algèria irrigaran el continent europeu. Vet aquí el gir que ha provocat Putin tancant les portes d’Europa cap a orient. El govern espanyol ja es va adonar d’aquesta oportunitat, i ha apostat per les valls d’hidrogen, les renovables i la infraestructura de transport. La transformació energètica i industrial del país està perfectament planificada en el pla nacional integrat d’energia i clima PNIEC, i els projectes estratègics per a la recuperació i la transformació econòmica PERTE: les energies renovables, hidrogen renovable i magatzematge; l’Agroalimentari; digitalització del cicle de l’aigua; Economia circular. Aquest context pot explicar alguns moviments de la diplomàcia espanyola amb relació als països del Magreb. L’energia sempre ha dibuixat els mapes. I en la transició que ve, el centre  polític de gravetat es desplaça cap al sud. El mapa d’Europa serà diferent en les properes dècades si Espanya i Portugal entenen quina és ara l’oportunitat.

En aquests mapes Catalunya hi té un lloc que pot ser rellevant o no. El president de la Generalitat Pere Aragonès ja ha viatjat a Alemanya per fer-se veure partidari de continuar el gasoducte MidCat, ara aturat a Hostalric fins al cor d’Europa. No vol que li passi com amb la fàbrica de bateries de Seat que per distracció s’ha escapat a Sagunt enlloc de quedar-se a Tarragona. Però Catalunya està lluny de figurar al mapa de l’energia d’Europa pel gran endarreriment de les infraestructures de generació, inclús a les portes de tancar els reactors nuclears de Vandellós i Ascó, a risc d’haver d’importar electricitat d’Aragó, una altra Comunitat Autònoma que es va posar les piles molt abans, conscient que el vent que bufa a la vall de l’Ebre figura en els mapes de l’energia peninsular i europea. El president Pedro Sánchez ha visitat Puertollano, on hi ha el Centro Nacional del Hidrogeno per reafirmar un full de ruta de l’hidrogen verd. També va visitar Martorell per donar suport al projecte de Seat, però no ha visitat el complex petroquímic del Camp de Tarragona, el major d’Espanya i un dels més grans d’Europa, a on s’ha projectat la Vall d’Hidrogen de Catalunya constituïda per 160 empreses i institucions amb una inversió estimada de 1.220 milions. Una infraestructura cabdal per a Catalunya de futur incert perquè la seva competitivitat depèn de la disponibilitat d’una energia renovable i de proximitat que per ara no hi ha.  

S’està fabricant en aquest moments la cartografia europea i mundial per aquest segle. Els mapamundis dibuixats el segle passat indiquen unes rutes comercials, unes infraestructures energètiques i uns contorns geoestratègics que ja no existeixen. Els fluxos d’energia al món han canviat, i els mapes també.

dijous, 27 de gener de 2022

Macrogranges

 

S. Clarós

(publicat a l'Agulla, gener de 2022)


Una rara extrapolació lingüística associa allò gran amb el que és excessiu, en ambivalència entre el moralment rebutjable i l’atractiu pervers o libidinós. Expressions com «Preu per preu, sabates grosses» donen fe de l’arbitrarietat, la golosia. Mentre que «small is beatiful» (l’expressió anglesa ha fet fortuna) invita a la falsa humilitat o la justificació. Emprar doncs el prefix «macro» predisposa ja d’entrada a la recriminació. D’aquí que estiguem assistint des de fa setmanes a una peregrina discussió sobre les «macrogranges» amb relació a una discussió que, sense la fogositat irrefrenable de Pablo Casado i els barons del partidisme hispànic, es reduiria a un debat serè sobre els impactes econòmics i ambientals de la ramaderia en les seves diverses modalitats, i els nostres hàbits alimentaris.     

Aquesta societat té una capacitat de debat i de crítica circumscrita dins d’uns límits, més enllà dels quals tot trontolla, ens sentim incòmodes, insegurs, i ens tornem negacionistes. El límit que ens posem de marge de tolerància en el debat és el «paradigma» regnant. Podem debatre mentre no es posin en qüestió els valors estructurals de la nostra cultura. Per això és tan difícil dialogar amb qui és diferent perquè és d’una altra ètnia o cultura o religió. Ara també ens costa el diàleg amb els més propers perquè estem en un moment de transició, de canvi de paradigma. El model de comprensió del món que coneixem ens predetermina per interpretar el present i el futur. Segons Thomas Kuhn, el que veiem depèn tant del que mirem com del que l’experiència visual i conceptual prèvia ens ha preparat a veure.  L’experiència és el filtre que pinta la realitat. Quan ens canvien les ulleres ja no reconeixem aquella realitat fins que no ens hi acostumem de nou. El missatge del ministre Garzón alertant de les conseqüències del consum de carn, desconcerta al ciutadà que creia que menjar carn era un signe de progrés i de benestar. Aquest dubte és el que aprofita la oposició política de Garzón en la seva histriònica resposta per desmentir-lo.

Vivíem en el creixement com a paradigma de progrés: una naturalesa proveïdora i un lloc, el medi ambient, on abocar o externalitzar els impactes negatius del desenvolupament. Tranquil·litzava saber que fixant uns límits o condicions i controls a la contaminació, vetllant pel medi ambient, no corríem perill. El ministre avança un nou paradigma, la sostenibilitat, per esmenar el malentès d’aquell progrés: no som nosaltres sinó l’ecosistema qui fixa els límits i les condicions. L’activitat humana, sigui industrial, sigui ramadera... s’ha d’ajustar a les dinàmiques de l’ecosistema per evitar un col·lapse, i en conseqüència cal inscriure el desenvolupament en el marc d’una economia circular amb recursos renovables. Cal tornar -el progrés no contemplava cap marxa enrere- a una alimentació amb més proteïna vegetal, amb menys consum de carn perquè la ramaderia industrial i intensiva consumeix aigua i energia en excés, i contamina el sòl amb les dejeccions i els abocaments nitrogenats, i fa ús abusiu d’antibiòtics: no és sostenible. Pablo Casado no es vol treure les ulleres del progrés. El drama no seria pitjor si la ministra de transports expliqués, no cal que sigui al The Guardian, que disputar partits de futbol entre el Barça i el Real Madrid  a Aràbia Saudí és un disbarat que no només no encaixa en el paradigma de la sostenibilitat, sinó tampoc en el sentit comú, es miri amb les ulleres que es miri. 

dijous, 30 de desembre de 2021

Revolución industrial y reforma laboral

 


S. Clarós

La década de los 80, en los países industrializados, fue un tiempo de instalación, de promesas, expectativa, anhelos: instalación de las innovaciones digitales, creando un nuevo marco tecnológico que removía la estructura ocupacional, relaciones de producción, hábitos culturales. En 1982, Philips y Sony lanzaron conjuntamente al mercado el disco compacto CD, el primer formato comercial de grabación de audio digital. Instalación también de la democracia en España. Tras aprobar la Constitución, se creó el marco de relaciones laborales del Estatuto de los Trabajadores. La norma laboral, que acompañaría la fase expansiva iniciada en los años 60s con el empuje industrialista todavía bajo la dictadura, llegaba a España cuando las empresas industriales habían alcanzado ya la madurez y se disponían a librar el duro combate schupeteriano de la “destrucción creativa”. Schumpeter describió a inicios del siglo XX el proceso a través del cual las innovaciones tecnológicas compiten en un combate sin cuartel con el viejo y agotado statu quo empresarial que se resiste a ceder ante productos y empresas de nueva creación. Los productos digitales: audio, video, internet… conquistaban el deseo de las nuevas generaciones impulsando un proceso de mutación industrial que iba destruyendo lo antiguo para crear continuamente cosas nuevas. El CD barrió del mercado los discos de vinilo. Con la TV digital, la coreana Samsung desplazaba a las viejas Sony, Philips y Panasonic del liderazgo de mercado en la electrónica de consumo.   

El desfase entre el desarrollismo de la segunda mitad de siglo y la regulación tardía del trabajo explica quizás por qué la ley laboral en España sufriría diversas y frecuentes revisiones. Al poco de estrenar la democracia se dejaban sentir ya los amargos avisos de declive industrial. Cierre de empresas, paro y huelgas estaban al orden del día. Entonces el gobierno de Felipe Gonzalez, no ajeno a los vientos neoliberales que ya soplaban en Europa, emprendió la reconversión de la siderurgia, la minería y el sector naval mandando al paro a miles de trabajadores que ya no eran necesarios en el nuevo paradigma industrial. En la calle cundía el desencanto. Paro juvenil y pasotismo fueron dos síntomas del periodo de instalación, cohabitando el anhelo de cambio y la frustración. Ya en los años 90, el frenetismo financiero sobrecalentaba las empresas industriales bajo la presión extrema de altas retribuciones exigidas por el capital inversor que, sumado al estancamiento de la productividad, habida cuenta de la madurez de los mercados, desataría más si cabe el dictado del thatcherismo o reaganismo, que es la misma cosa, o sea la voluntad del capital financiero global, retrayendo de los salarios y de las condiciones laborales de los trabajadores la exigencia del accionista. Se enquistaba la precariedad. Cómo consecuencia del frenesí de un capital financiero que no paraba de hinchar burbujas especulativas que no tardarían en reventar, los gobiernos flexibilizaban, reforma laboral en mano, y devaluaban las condiciones de trabajo, mientras algunas multinacionales más exigentes deslocalizaban la producción primero a Europa del este y luego al continente asiático: Sony, que fue líder de mercado en el sector de la electrónica, clausuró en 15 años todas sus fábricas de televisión en Europa, una en Alemania, dos en Reino Unido, y la última en Barcelona en 2010.   

La última depreciación del capital laboral la hizo el Partido Popular con mayoría absoluta en el Congreso en 2012 cuando la burbuja financiera había ya colapsado. España se encontraba en lo peor de la recesión, pero el frenesí del capital financiero global había tocado su fin. El PP no quería percatarse que con el pinchazo de la burbuja en 2008 empezaba un periodo de pugna populista, donde quedaría también atrapado en medio de nacionalistas, negacionistas y antisistema, expresiones todas ellas de una profunda crisis institucional fruto de un aumento de la desigualdad, los abusos del capital financiero, de los oligopolios y la connivencia de los gobernantes. La crisis de gobernabilidad que atravesamos en esos años, y todavía perdura, responde a un cuestionamiento de la legitimidad del marco institucional establecido. Partidos xenófobos y pseudofascistas conquistaron posiciones de poder en algunos países del entorno, igual como en los años de la Gran Depresión previos a la Segunda Guerra Mundial. Pero el nuevo paradigma tecno-económico del ciclo digital estaba ya instalado industrial y culturalmente, y listo para su despliegue solo a la espera de una recomposición de las instituciones, del gobierno, del marco regulatorio laboral y financiero, del sistema educativo… todo, para generar un nuevo clima de confianza habilitador, con seguridad jurídica y con el liderazgo de los gobiernos para impulsar la recuperación. La UE reaccionó con un plan estratégico de reindustrialización liderado por la presidenta Úrsula von der Leyen: el Pacto Verde Europeo. Y tras la pandemia, un plan Mashall: los fondos Next Generation EU, para financiar la recuperación y el cambio de modelo productivo.

Ese es el contexto de la actual reforma laboral, una de las primeras reformas profundas que ha abordado el gobierno de coalición PSOE-UP con el fin de enmendar el marco regulatorio laboral. Mucho se habló de derogar la reforma laboral del PP, a modo de desquite, pero se trataba de otra cosa. Aquella regulación tan lesiva para los intereses de los trabajadores es hoy un sinsentido puesto que en el nuevo paradigma la exigencia del capital financiero global ha sido conculcada por la iniciativa institucional con el fin de emprender un periodo de crecimiento ahora gobernado por el capital productivo. Esta reforma no es una nueva imposición de los representantes del capital con mayoría absoluta en el Congreso sino otra cosa muy distinta: el fruto de una presión social creciente que ha fraguado el acuerdo entre sindicatos y patronales, auténticos valedores, ante la debilidad parlamentaria, del nuevo sentido común. Se trata de un marco regulatorio de mayor solidez para responder a los retos de un nuevo periodo en el cual el capital financiero será solo acompañante.

La industria del automóvil es sintomática del nuevo periodo que se avista: exhausta de la schumpeteriana destrucción creativa tras años o décadas de resistencia numantina del motor térmico que terminó con el pinchazo de la burbuja del Dieselgate, se rindió por fin a la electrificación y la digitalización.  Seat se dispone a relanzar la producción en la fábrica de Martorell ante inciertas expectativas energéticas y de materiales. El fabricante de cargadores para automóviles eléctricos Wallbox, la startup más exitosa de España, ha cuadriplicado las ventas y duplicado la plantilla en el último año. Retos y expectativas imposibles de abordar sin un marco regulatorio que asegure estabilidad. Para convertir esas expectativas bajo el nuevo paradigma industrial en inversión, creación de empleo y crecimiento es preciso establecer un marco institucional que favorezca la economía real. Para ello se requiere la intervención de las fuerzas políticas y la máxima concertación social posible impulsando acuerdos como por ejemplo en Catalunya el Pacte Nacional per a la Indústria, para alinear trabajo, capital inversor i estrategia gubernamental, entorno un proyecto común que en el caso del estado español es el plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Aquellas fuerzas políticas que no lean bien el contexto de este inicio del periodo de despliegue del ciclo industrial de la digitalización serán apartadas por los propios actores sociales y económicos que son los más interesados en el despliegue y transformación de la cuarta revolución industrial. 

dijous, 28 d’octubre de 2021

¿Nos enfrentamos irremediablemente a la escasez?

 


S. Clarós


Europa se prepara para hacer frente a un invierno con los precios disparados del gas y la electricidad que amenaza con una ola inflacionista y de escasez en los mercados mundiales. El aumento del precio de la electricidad, originado por la cotización internacional del gas, ha pillado por sorpresa a todo el mundo. Los gobiernos están viendo qué medidas tomar para evitar que el coste del kilovatio-hora penalice en exceso a los hogares pobres y la competitividad de las empresas electrodependientes. Algunas han cerrado producciones por falta de rentabilidad. El margen de maniobra que se otorgan es estrecho, remitiéndose a medidas de absorción del sobrecoste eléctrico con cargo a los presupuestos del Estado, unas medidas difíciles de sostener en el tiempo si la crisis se alarga.  Ni Sánchez ni Macron quieren pensar en la que se avecina con una oposición enloquecida que aprovecha la crisis para reclamar incluso que se quiten las “barreras sindicales” (¿qué estarán insinuando?) y unos ciudadanos con chalecos amarillos tomando las calles en protesta por algo cuya solución no se encuentra en sus manos. 

Pero lo que realmente debería sorprender es que gobiernos y empresarios, sobre aviso desde hace al menos una década de la escasez que se avistaba, superado el pic-oil y ante las tensiones que ello acarrearía en los mercados internacionales, no tomaran medidas antes.  Cabe recordar la fuerte escalada de precios del petróleo que superó los 140 dólares el barril durante el verano de 2008. Las causas del encarecimiento de la energía son complejas, a veces influidas por circunstancias aleatorias o poco previsibles, pero hay una que es muy previsible: cuando un recurso no renovable supera su zenit de extracción tiende a la escasez, al desabastecimiento y en consecuencia al encarecimiento. A ello, sumémosle las medidas de reducción de emisiones para frenar el cambio climático, que llevan ya tiempo desincentivando las inversiones en combustibles fósiles, y añadamos los efectos geopolíticos y especulativos en manos de cárteles y oligopolios que pueden actuar de desencadenantes. Sin embargo, la fuerza motora principal de la subida de precios está escrita con la simplicidad y la lógica de los indicios del fin del modelo energético fósil. Ya nadie con información puede negarlo. 

La misma lógica hay que aplicarla a otras materias primas minerales no energéticas como determinados metales o algunos productos y elaborados alimentarios sujetos a costes de energía o de transporte, que viene a ser lo mismo. ¿Quiere ello decir que nos enfrentamos irremediablemente a la escasez y el encarecimiento generalizado? Lo que nos está indicando es algo que ya sabíamos: que para no tener sobrecostes energéticos debemos transitar hacia el nuevo modelo energético basado en el ahorro y la eficiencia, la generación renovable y la economía circular. La escasez no es una propiedad atribuible a nada sino la consecuencia de algo. Es la consecuencia de no adaptarse al cambio. Los que hayan hecho inversiones en renovables, promovido una movilidad eléctrica o sostenible, tengan soberanía tecnológica porque han invertido en R+D, reducen el consumo de carne, tienen un mercado de trabajo justo, por poner ejemplos, surfearan mejor la ola. De esta crisis solo se sale por la senda del cambio.

A tenor de los debates suscitados y de las medidas que se proponen para hacer frente a ese invierno, como si se tratara de una tormenta pasajera de la que hay que cobijarse, da la sensación de que no se está por la labor. Enmascarar el precio de la energía con rebajas de impuestos o incluso con ayudas de escudo social no da señales de mercado para reaccionar en consecuencia. Seré grafico: no se trata de subvencionar el kilovatio-hora para continuar usando la secadora eléctrica sino de volver a tender la ropa al sol. Leo que los agricultores franceses van a abandonar los cultivos de maíz porque el secado con gas natural se ha puesto por las nubes y no sale a cuenta. Sin embargo, recuerdos de mi infancia me retrotraen a un secado sin coste con las mazorcas colgadas del techo. Alguien me dirá que no está la cosa para regresos al neolítico. Pues la historia juzgará si nuestra propensión al irracional derroche energético del transporte de mercancías global y del turismo de masas de bajo coste doméstico y altísimo coste medioambiental es fruto de la inteligencia y el progreso o es simple estupidez humana.      

Una reflexión final. El mundo evoluciona entre la destrucción y la construcción. El volcán de la isla de La Palma en erupción estos días sugiere esta imagen de devastación ante la expectante mirada impávida de quien se debate entre la emoción y la conmoción. La oscilación del ciclo económico en el capitalismo hay que leerla en este orden para comprender: primero destrucción y luego recuperación y reconstrucción. Estamos en la reconstrucción, y sin embargo paradogicamente todo parece hundirse de nuevo ante unos índices devastadores de inflación con amenaza de colapso. Precisamente la salida está ahí y solo ahí. La reconstrucción precisa acabar con todo aquello que está anclado al modelo de la economía fósil y lineal. Consiste en eso, soltar los lastres del consumo y de la dependencia material. Sobrevivirán los que sepan tender de nuevo la ropa al sol.      

dijous, 7 d’octubre de 2021

Escasez y cambio de paradigma

S. Clarós

Escalada de precios y desabastecimiento a la vista, que con el concurso de la geoestratégia y la oligoestratégia de los que aprovechan para hacer su agosto, llámense empresas eléctricas, vendedores de gas o propietarios de tuberías intercontinentales, engrosan nubarrones de tormenta, inflación y crisis. Si bien se esperaría un alivio en este tiempo de recuperación, el devenir no da tregua. Puede tratarse de coyunturas del mercado o de coincidencia de factores adversos, pero todo el mundo sabe que el fondo de lo que acontece se llama escasez de recursos puesto que ya nadie pone en duda que la última oleada tecnológica del capitalismo industrial, la del siglo veinte, alimentó el monstruo del consumo y el derroche hasta extremos delirantes. El paradigma tecno-económico de la producción en masa y la energía del petróleo creó el sentido común de un progreso sin límites o, lo que es lo mismo, un crecimiento permanente, que ya llegó a su pico máximo o cenit de extracción para algunos recursos minerales cómo el petróleo, tal como predijo Hubbert. Un final de fiesta que paradogicamente no se produce por agotamiento de las reservas materiales y energéticas sino por la sustitución del metaparadigma por otro nuevo: la digitalización, un conjunto de innovaciones, productos, nuevas industrias e infraestructuras que inducen un salto cuántico de la productividad potencial para la inmensa mayoría de las actividades económicas, modernizando y regenerando el tejido productivo1. 

Las innovaciones tecnológicas son capaces de difundir por toda la economía nuevos insumos que transforman mediante economías de escala no solo la física del planeta sino también el sentido común social. Cambia hábitos, valores, incluso la ambición, en definitiva, el estilo de vida, la política, la cultura. El enorme crecimiento, fuente de bienestar y progreso en la lógica de aquel sentido común social que se desarrolló en el pasado siglo, se revolvió contra sus adalides secando el flujo de recursos que son ahora cada vez menos accesibles, más caros, con productividades decrecientes. El capital financiero, inquieto, viene retirando hace ya algún tiempo inversiones del sector petrolero, redirigiéndolas a las renovables que, junto con la economía circular y la digitalización, conforman el nuevo metaparadigma. Lo que venimos a llamar el cambio de modelo productivo. O si se quiere, en versión más popular, la cuarta revolución industrial. Igual que en las revoluciones industriales precedentes, la difusión de las nuevas tecnologías por toda la economía trae consigo grandes cambios estructurales en la producción, la distribución, comunicación y consumo, así como cambios cualitativamente profundos en la sociedad.    

La gran intensidad material y energética del anterior modelo económico es sustituido ahora por una utilización intensiva del conocimiento. En la práctica, los bits, que son la materia prima de la digitalización, no ocupan espació ni tienen peso. Lo que es genuinamente el producto del proceso digital no es un bien de consumo sino un servicio, aunque para ello se requieran bienes de equipo e infraestructuras que consumen energía y materias primas. Me refiero a ello porque hay una crítica a la transición digital y ecológica que esgrime la insostenibilidad de las propias infraestructuras de la digitalización (ordenadores, smartphone’s o captadores fotovoltaicos, como ejemplos) que obviamente conllevan impactos, más en su producción que en su operación y mantenimiento. La cuarta revolución industrial tiene pues un carácter re-civilizador ya que busca mejorar la relación del sistema productivo con el Medio restaurando los efectos del impacto medioambiental en las fases anteriores, contribuyendo a la lucha contra el cambio climático. La industria digital es la servi-industria: la fabricación no es el fin (obtener un bien de consumo) sino el medio para satisfacer una necesidad. Podemos hablar pues de desmaterialización y de descarbonización en el sentido de desacoplo entre la economía y el consumo intensivo de materiales y energía.

Tras la depresión de la crisis financiera y la pandemia, la recuperación que se espera con la ayuda de los fondos Next Generation no es una vuelta a la normalidad pre-crisis ni mucho menos. La nueva fase del ciclo económico corresponde al despliegue de las nuevas tecnologías con nuevas industrias y negocios a partir de incipientes startups convertidas ahora en empresas fuertemente creadoras de ocupación en ámbitos de la sostenibilidad, las renovables, las TIC, la electrificación, las ciencias de la salud, etc. Sin embargo, el despliegue implica la necesaria asunción por parte de toda la sociedad del nuevo sentido común, abandonando para siempre toda esperanza en el viejo paradigma fordista de la producción y el consumo en masa. Los negocios que no consigan desacoplarse de su dependencia energética, como estamos viendo estos días con el cese de producciones de amoniaco debido al fuerte incremento de los precios del gas, o aquellos que no hayan incorporado el autoconsumo con renovables o tecnologías digitales, o incluso que no hayan cambiado sus operativas de transporte se verán lastrados por costes crecientes, y entraran en crisis. El desabastecimiento de materias primas y la escalada de precios tendrá mayor incidencia en aquellos países que no han hecho los deberes con cambios estructurales en su sistema energético para romper dependencias y en sus políticas industriales de transición ecológica y digital. Lo mismo se puede decir de los hogares y de las ciudades que no adopten transformaciones que las hagan más eficientes, y más vivibles.

Pasados más de 10 años después de la crisis de 2008, empiezan a darse las condiciones institucionales, políticas y sociales para la transición. El Pacto Verde Europeo y el conjunto de políticas adoptadas por los países como el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del gobierno español, responden a la necesaria reindustrialización, que deben ir acompañadas de políticas sociales para evitar el descuelgue de sectores de la población trabajadora, que debido a brechas de edad, tecnología, origen etc. son vulnerables ante los cambios que se avecinan. Ahora el Estado, que debe asumir el protagonismo que cedió en la fase anterior (la neoliberal), debe intervenir también con políticas para la reindustrialización de territorios que pierdan su capacidad productiva como consecuencia del cambio tecnológico, por efecto del cambio climático o del aislamiento del mundo rural. Éstas son las políticas de Transición Justa a las que los gobiernos deben dedicar su empeño y acompañar de recursos suficientes. No olvidemos que el progreso en la nueva fase del ciclo tecno-económico se basará ahora en que el conjunto de la sociedad sin excepciones se impregne del nuevo sentido común, abandone la nostalgia de un tiempo perdido ya irrecuperable. Esas nostalgias se manifiestan todavía en sectores de la sociedad que se rebelan o resisten ante políticas por ejemplo de limitación de vehículos en las ciudades (las zonas de bajas emisiones) o persiguen todavía la ampliación de infraestructuras como puertos o aeropuertos, o niegan evidencias como el cambio climático o la bondad de las vacunas. Un nuevo periodo de prosperidad y bienestar no se puede concebir sin contemplar la limitaciones climáticas y ambientales. Este es el sentido, la orientación y el significado de la transición que solo tiene una respuesta política: modernizar el Estado, los gobiernos y los marcos institucionales y reguladores. En conclusión, el despliegue de esta revolución industrial digital solo se producirá si nos alejamos a toda prisa del viejo modelo, y concebimos otro crecimiento desacoplado de lo material aprovechando las tecnologías digitales para construir un mundo más inclusivo y sostenible.   

 

 



1  Revoluciones tecnológicas y capital financiero, Carlota Pérez, Siglo xxi editores, SA, 2004.

dissabte, 18 de setembre de 2021

Aprendre a viure dins dels límits, a propòsit de l’aeroport

 

S. Clarós


Posicions antagòniques, desacords i tacticisme polític de curta volada han segrestat un debat assossegat sobre si Barcelona i Catalunya necessiten ampliar l’aeroport del Prat. Debat i tranquil·litat són pràctiques quasi oblidades a Catalunya i a Espanya. La presa de decisió més aviat ha anat envoltada de manifestos, traïcions, mobilitzacions i malentesos a falta d’un govern que amb domini de la gramàtica sigui capaç d’escriure un bon discurs amb sentit sobre la Ricarda, els avions i els milions d’Aena. Un relat no ja sobre l’aeroport sinó sobre el conjunt de les infraestructures, en el marc de desenvolupament social i econòmic que demanda l’actual cicle industrial, i que sigui realista d’acord amb les condicions i els perímetres físics, econòmics i ambientals del país, i dels temps que corren. Sense un projecte de país amb consens és molt difícil acordar el futur de l’aeroport.

L’aeroport ens recorda que estem en transició per adaptar-nos als límits, molt pròxims sinó sobrepassats, del territori i dels recursos. Les crisis actuals: l’augment del preu de la llum, els peatges de les autopistes o la capacitat de l’aeroport, tenen a veure amb aquests límits. No som un exemple d’equilibri territorial: Barcelona concentra població i activitat en una Regió Metropolitana que en només el 7,6% del territori acull una població del 64% i  genera el 70% del PIB de Catalunya. El territori metropolità està ocupat pràcticament en la seva totalitat. Això explica les tensions a l’hora d’ampliar l’aeroport i en general qualsevol planejament urbanístic.

El delta del Llobregat compren espais naturals protegits i un parc agrari, a més de diversos nuclis urbans, i també zones industrials i logístiques com el Port i l’Aeroport. Cap d’aquests espais o instal·lacions pot créixer sense afectar-ne d’altres veïnes. La proposta d’AENA per ampliar la capacitat operativa del camp de vol afecta inevitablement l’espai natural i agrari que l’envolta com alternativa al sacrifici de l’urbanització Gavà Mar que, de fet, és la responsable de que els avions no puguin enlairar-se en aquella direcció.

Ni als Vallesos ni al Baix Llobregat hi ha espai per nous corredors ferroviaris que permetin créixer respecte del transit actual, amb un coll d’ampolla a Barcelona que demana des de fa temps un tercer túnel per alleujar la situació. El Port ja no creixerà més perquè limita amb el Riu que ja va ser desviat en una anterior ampliació. Els polígons industrials del Baix Llobregat poden créixer en densitat amb indústria i serveis digitals, però no tenen sòl suficient per una fàbrica de cel·les de liti per a la Seat de Martorell, per posar un exemple. El territori metropolità es troba saturat. Algunes grans industrials com la CELSA de Castellbisbal està ocupant finques ja al límit de la zona inundable de la llera del Llobregat.

L’electrificació de la mobilitat i la climatització d’edificis comportarà una demanda elèctrica a l’àrea metropolitana que aquesta no podrà satisfer amb renovables perquè no hi ha prou superfície de sòl ni de teulades. Portar-la d’altres comarques de Catalunya a on hi fa vent o hi ha sòl disponible topa sovint amb oposició ciutadana contra parcs eòlics i fotovoltaics. Si Catalunya no és autosuficient en la producció d’energia renovable l’haurà d’importar de l’Aragó amb línies elèctriques de molt alta tensió que també rebutja una part de la població. En conclusió, ens trobem en un moment en el que la gramàtica per escriure un relat per a la Catalunya d’aquest segle és diferent de la que coneixíem. Però és absolutament necessari escriure el guió d’aquest projecte de país enlloc de fer promeses ideals com si Catalunya fos el que no és. Queda clar que les decisions que cal prendre respecte de l’aeroport transcendeixen al futur d’una llacuna pratenca emprada com excusa per la confrontació.

Quina és la nova gramàtica? En primer lloc, l’escassesa de matèries primeres que augura un increment de preus generalitzat, que ha agafat als governs desconcertats i desarmats, com l’espanyol que, per boca de la ministra Ribera, demana empatia a les elèctriques que és tant com demanar la lluna. En segon lloc el context «d’emergència climàtica» com ho han definit els mateixos governs davant l’advertiment de la comunitat científica, i més recentment l’informe de l’IPCC, dels danys irreversibles de no actuar amb fermesa i urgència. Tot, acompanyat -per major credibilitat- de l’impacte emocional aquest estiu dels incendis, sequeres, huracans i fenòmens meteorològics extrems, que està encenent alarmes no només en els governs sinó també en els mercats financers i les empreses del sector energètic.

Catalunya és un país petit i amb pocs recursos naturals, però ha sabut contrapesar les mancances aprofitant l’estratègica posició de centralitat en la mediterrània occidental, enfocada a la indústria i el comerç. La transició cap a una economia digital, verda i circular brinda una oportunitat per descarbonitzar i desmaterialitzar l’economia per dependre menys dels recursos que no tenim. Reduir la mobilitat comportarà transformar el model turístic i en conseqüència reduir el tràfic aeri, sense que això signifiqui un retrocés en ocupació i benestar si som capaços d’incrementar proporcionalment el pes del Pib industrial electrificant els consums energètics, aprofitant el potencial de la biomassa dels nostres boscos i cultius, limitant l’activitat agroalimentària a aquella que no sobrexplota els recursos hídrics i manté la producció càrnica dins del que poden absorbir els embornals per a les dejeccions ramaderes, reconvertint la petroquímica i la indústria de l’automòbil, entre altres. Caldrà dedicar-hi bona part dels pressupostos públics i també els fons europeus de recuperació. El cost de la reconversió industrial no ha de recaure en els treballadors. Una transició justa demana plans i recursos públics per l’acompanyament dels treballadors i de les comarques que perdin capacitat productiva. Les polítiques socials han de protegir les franges més vulnerables de població davant l’increment de preus dels recursos bàsics. Vet aquí un pla de país.

Tornant a l’aeroport, els governs haurien de negociar una inversió que modernitzi les instal·lacions fent-les més eficients i sostenibles. Inversió en una nova terminal que ajudaria a descongestionar i guanyar més operativa en el camp de vol. Instal·lacions d’autogeneració i millora de l’eficiència energètica. Inversions en recerca d’aeronaus sostenibles en col·laboració amb  l’Escola d’Enginyeria de Telecomunicació i Aeroespacial de Castelldefels. Tot però sense sortir del perímetre actual de l’Aeroport, en una lògica no expansiva sinó de contenció per no afectar els espais naturals. La humanitat sobreviurà a aquest segle si és capaç de d’aprendre a viure i créixer dins dels límits que ens posa el planeta. Catalunya necessita un full de ruta que reconegui els seus límits. Ignorar-los només ens conduiria al col·lapse. La negociació amb Aena i el govern de l’Estat ha de ser possible en un clima de cooperació.

El més llegit